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Wolfenstein: Enemy Territory: una trinchera de 32 plazas que no siempre se llena

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Pensado para cinco funciones y dos equipos a la vez, pide compañía: quien entra solo se topa con servidores vacíos o tomados por máquinas.

Seis mapas, cinco funciones y una victoria que necesita gente

Nadie gana solo una partida de Wolfenstein: Enemy Territory, y esa dependencia de quien está al otro lado de la pantalla es lo que separa a quienes elogian el juego de quienes lo abandonan. Siempre hay dos bandos, el Eje y los Aliados, cumpliendo los objetivos que la propia victoria exige, mapa a mapa. Seis mapas recrean los escenarios de batallas reales de la Segunda Guerra Mundial. Cada partida admite hasta 32 jugadores, repartidos en cinco funciones —ingeniero, médico, soldado, apoyo de campo y agente secreto— que solo cobran sentido cuando encajan unas con otras. El juego pone el escenario; quien llena las plazas eres tú y a quien invites.

Ninguna de las cinco funciones cumple un objetivo por su cuenta, y es en ese encaje obligado entre desconocidos donde reside el riesgo del juego. Firma el proyecto el estudio Splash Damage, con distribución de Bethesda Softworks LLC; la versión que GOG mantiene en su catálogo figura con fecha del 20 de octubre de 2022 en la propia tienda.

Ligero de instalar, difícil de soltar

Quienes valoraron el juego en cuanto llegó a GOG, el 20 de octubre de 2022, describen siempre la misma escena: amigos reunidos en la misma red local que redescubren que una instalación ligera aguanta una noche entera. Entras creyendo que vas a perder el tiempo memorizando el mapa y descubres que los controles sencillos sostienen a quien nunca ha jugado; la comunidad, mientras tanto, ha producido tantas modificaciones que los propios servidores las cargan al instante, sin instalación adicional.

Entre los elogios asoma también una salida puntual para quien juega sin compañía: una de las reseñas recomienda llenar el servidor con la inteligencia artificial bautizada como Fritzbot, que ocupa objetivos e imita la presencia humana lo suficiente para sostener la partida, y recuerda que existe incluso una versión paralela y de código abierto, llamada ET: Legacy, para quien quiere el mismo juego sin depender del original. Pero una reseña del 18 de septiembre de 2025, la más reciente del grupo, reconoce el precio de esa fidelidad: la base de jugadores se ha encogido respecto a lo que fue.

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Las dos maneras de quedarse solo

Si entras en Wolfenstein: Enemy Territory sin saber qué vas a encontrar al otro lado, las valoraciones negativas muestran las dos maneras de decepcionarse. Un jugador valoró el juego el 27 de octubre de 2024 y le puso una nota baja por un motivo técnico y otro estructural: el sistema antitrampas se le colgaba y, por encima, un sistema de experiencia penaliza a quien empieza, con lo que la curva de aprendizaje se vuelve más dura de lo necesario. Otro, el 16 de noviembre de 2022, buscó oponentes controlados por la máquina para jugar solo, no encontró ninguno, tampoco logró abrir el juego a pantalla completa y cerró la reseña diciendo que aquello no era para él.

Un caso aparte, el 5 de septiembre de 2025, se queja justo de lo contrario: los servidores públicos que encontró estaban tomados por jugadores automáticos y por mensajes no deseados flotando en la pantalla. La suma de las tres quejas dibuja un contorno que ninguna trazó por sí sola: el juego no tiene una versión que sea solo tuya; toma prestada la presencia de quien está al otro lado, y cuando esa presencia falta o es fingida, la queja deja de ser sobre un fallo técnico o sobre un robot y pasa a ser sobre la compañía.

Para quien llega con compañía apalabrada

Wolfenstein: Enemy Territory recompensa a quien llega acompañado: un grupo fijo, dispuesto a memorizar objetivos e insistir en un mapa hasta que cobre sentido, encuentra allí una fiesta en red local que, según las fechas de las propias reseñas, sigue en pie de 2022 a 2025. Si entras solo, a la caza de un servidor público y de desconocidos, corres la misma suerte que describen las reseñas: puedes caer en una sala vacía o en una sala tomada por máquinas que fingen ser gente, y ninguna de las dos es la contienda colectiva prometida. No es un juego para abrir a solas y decidir sobre la marcha; es un juego para llamar a alguien antes de instalarlo.