
En Ultima IV, los grandes villanos ya han caído — falta vencerte a ti mismo
Sin plazo: sigue en el catálogo hasta que la tienda lo retire.
Reclamar en GOG ↗El canje es en tu cuenta de la tienda; Clairo no lo reclama por ti.
La disponibilidad puede variar según la región.
El clásico de Origin Systems cambia el jefe final por un cuaderno de pistas y la exigencia de la virtud — y no todo jugador soporta el ritmo que eso pide.
El mal que queda después de la gran guerra
Cuando empieza Ultima IV, los enemigos que sostienen la trama de la serie ya han sido derribados: Mondain, Minax y el ser llamado hijo del infierno, Exodus, quedaron atrás en los capítulos anteriores, y la paz cubre Britannia. El mal no ha desaparecido: se ha replegado a bolsones aislados y, sobre todo, al interior de la gente común. La aventura que queda no tiene un villano esperando al final: pide a alguien dispuesto a dominar tanto la magia como la fuerza para enfrentar ese mal en todos los frentes, y a convertirse, por el camino, en la medida misma de lo que significa ser bueno.
Eso cambia el juego por dentro. Hablas con un habitante de Britannia escribiendo palabras clave y esperando respuestas cortas y directas — un sistema que dos personas que lo jugaron, una en 2013 y otra en 2020, describen como raro para la época, porque evita la frustración de frases que el juego sencillamente no reconoce. Y las decisiones pesan: una reseña recuerda la escena en la que se puede engañar a una vendedora ciega de reactivos en Skara Brae — la engañas y el juego sigue, solo que la posibilidad de convertirte en el Avatar se cierra ahí mismo.
El juego lleva la firma de Origin Systems; de la distribución se encargó Electronic Arts. Esa mezcla de papeles, aventura y fantasía llegó a la tienda de GOG en septiembre de 2011.
El cuaderno de notas que la pantalla no muestra
Quienes escribieron en la semana del lanzamiento en GOG, en septiembre de 2011, suenan como alguien que revisita su propia juventud: una persona recuerda haber comprado el juego en una tienda física, mucho antes de la versión que GOG vende hoy, y conserva todavía el mapa de tela y el libro de historia que venían en la caja original. Una reseña bastante más reciente, de 2023, escrita por alguien que se recupera de una enfermedad grave y con bastante tiempo libre en casa, describe el mismo tipo de reencuentro: redescubrir el juego a través de GOG Galaxy y sentir que nada de lo esencial había cambiado.
El elogio que se repite entre 2011 y 2013 no es sobre los gráficos ni sobre el combate: es por haber sido de los primeros en tratar al jugador como alguien capaz de tomar una decisión moral, no solo de pulsar un botón, y por un mundo donde las ciudades y los personajes parecían responder a quien pasaba por allí. Ninguna de esas reseñas oculta el precio de todo eso. La de 2011 avisa: es repetitivo, pide visitar el mismo lugar más de una vez, matar al mismo enemigo otra vez, hablar con cada habitante — y sin mapa en la pantalla, quien no anote cada pista a mano acabará perdiéndose.
La crítica más dura elogia el resto del juego
La única reseña que suspende al juego, publicada en 2020, no es de quien lo detestó: reconoce el mismo sistema de conversación por palabras clave y la misma exploración de ciudades que alaban los fans, y hasta llama a esas conversaciones un acierto raro para la época. Lo que pesa en contra es el cambio de propósito — dejar el enfrentamiento directo contra un villano por una larga recolección de palabras de sabiduría le resulta, a esa persona, más cercano a una tarea pesada que a una aventura; la trama heredada de los juegos anteriores, a sus ojos, no pasa de una pesadilla mal resuelta. Es una voz solitaria: entre quienes lo jugaron, la aprobación es amplia y las voces en contra como esta son raras.
Sin mapa en la pantalla, sin atajo hasta el final
Ultima IV no pide tus reflejos, pide tu constancia: vuelves a la misma ciudad, oyes de nuevo al mismo habitante, anotas la pista que el juego no repite dos veces. Quien lo abre esperando un objetivo marcado en la pantalla se rinde en la primera calle sin señalización — ese no es el público del juego. Quien acepta ese ritmo, y sobre todo quien acepta convertirse en la medida misma de las Ocho Virtudes en lugar de perseguir a un villano final, encuentra lo que repiten personas que escribieron en años muy distantes entre sí: el juego no termina cuando cae el último monstruo, porque el adversario final siempre fue quien está al otro lado de la pantalla.