
The Elder Scrolls: Arena — el impostor que llegó a emperador
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Antes de cualquier secuela famosa de la saga, fue aquí donde Bethesda puso a prueba hasta dónde podía llegar un mundo abierto de fantasía — y los jugadores no se ponen de acuerdo sobre cuánto sufrimiento inicial merece la pena.
El impostor que llegó a emperador
Debajo de las reseñas de este juego hay quien publica los avances de un proyecto para reconstruirlo desde cero. Lo llaman OpenTESArena, dicen que está a punto de quedar listo y hasta cuelgan vídeos de anticipo. Nadie dedica ese trabajo a un juego que ya no le interesa a nadie.
La historia empieza en una celda. Uriel Septim VII, emperador de Tamriel, ha sido desterrado a otra dimensión por su propio mago de guerra, Jagar Tharn, que le robó el rostro y el trono al señor que había jurado proteger. Tharn mató a todo el que descubrió el engaño — a todos menos a ti, advertido de la trama por el espíritu de Ria Silmane, aprendiz del propio impostor y asesinada por su mano. Es ella quien libera al personaje de la prisión y lo lanza tras los pedazos dispersos del Bastón del Caos, la única manera de traer de vuelta al verdadero emperador.
Firmado por Bethesda Softworks, es el primer juego de la saga Elder Scrolls, narrado en primera persona y con total libertad para crear al personaje: raza, clase, atributos y forma de combatir, desde la espada hasta los hechizos ideados por uno mismo. El mapa de Tamriel reúne más de 400 lugares para visitar, entre ciudades, campo abierto y mazmorras.
La mazmorra que primero cobra y después paga
Hay quien juega este comienzo desde 2022 y todavía lo describe como todo un desafío. Quien escribió en mayo de ese año recuerda la primera vez que jugó, mucho antes, cuando la propia Bethesda repartió el juego gratis, y volvió años después para darle a esa fase inicial la oportunidad que le faltaba. La conclusión, según esa reseña, es que Arena tiene más en común con los juegos de mesa clásicos que con cualquier videojuego de fantasía actual: hay que crear un personaje especializado, con cuidado, y avanzar con cautela por el mapa.
Quien llegó a la mazmorra inicial en junio de 2022 resume la receta: descansar siempre que se pueda, no pelear con más de un enemigo a la vez y registrar cada rincón antes de salir — así fue como encontró, allí mismo, una espada lo bastante buena para llevarla el resto de la aventura. El consejo vale sobre todo para el principio: teme a las ratas, pero no las descartes. En abril de 2025, otra reseña cambia el miedo al roedor por el miedo al minotauro — el sonido de sus mugidos a la espalda del personaje es de esos detalles que aún persiguen a quien lo jugó.
Otra reseña, de mediados de 2022, elogia la variedad de las mazmorras y la libertad para romper el sistema de magia a su manera — y en el mismo aliento admite que el tramo salvaje entre una ciudad y otra es solo terreno vacío, sin nada que encontrar, y que el juego se cuelga de vez en cuando. En diciembre de 2024, otra persona resolvió el problema por su cuenta: instaló una modificación hecha por aficionados que cambia los controles al teclado moderno — W, A, S y D — y solo entonces el juego empezó a funcionar de verdad.
La misma mazmorra, sin paciencia para ella
No todo el mundo está dispuesto a pagar ese precio. Una reseña de abril de 2026 tacha el juego de plano y soso, describe a los enemigos como hordas que salen de la nada y avanzan sin plan alguno, y recomienda saltar directamente a la secuela de la saga — esa sí, considerada buena de verdad.
Otra persona, en octubre de 2025, resume el problema en una frase: juego viejo, controles difíciles, muerte fácil — y admite que prefiere ver a alguien terminarlo en vídeo antes que enfrentarse otra vez a la mazmorra inicial.
La crítica más completa es de mayo de 2026: señala que el juego acusa la edad en el apartado visual, incluida la forma en que retrata a los personajes femeninos, casi sin ropa, y que se cuelga con frecuencia. Se queja también de las horas perdidas tras una sola misión. Pero termina reconociendo que el combate cumple lo que promete, que la creación de personaje funciona bien y que la progresión sigue la lógica que cualquier veterano de la saga reconocería. La conclusión no es que el juego sea malo: es que los juegos siguientes hacen lo mismo mejor.
Para quien acepta recibir golpes antes de vencer
Arena no abre la puerta con facilidad, y el impostor en el trono no piensa ponértelo fácil. Quien acepta entrar sabiéndolo — rehacer los controles, grabarse que descansar importa tanto como pelear, aceptar que el mapa entre ciudades está vacío a propósito — encuentra un mundo más grande de lo que cabría esperar para su edad, con un sistema de magia que recompensa a quien disfruta creando sus propias reglas. Quien espere abrir el juego y sentir de entrada el combate actual, los controles modernos y una mazmorra llena de contenido en cada esquina abandonará en la primera sesión, y las reseñas más duras muestran exactamente dónde. Arena no perdona los primeros pasos; solo quien vuelve después de ellos encuentra el juego de verdad.