The Ouroboros King: buena táctica de ajedrez, atrapada en menús que no explican nada
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Batallas de bolsillo con piezas que se rehacen tras cada derrota; lo difícil no es ganar, sino entender el propio juego.
Un tablero que vuelve a empezar con cada derrota
En The Ouroboros King, una pieza avisa de que se convertirá en otra cosa al subir de nivel, pero no dice en cuál. Es el tipo de fricción que aparece reseña tras reseña: una táctica bien pensada, frenada por un juego que no siempre explica sus propias reglas.
Estrenado el 27 de febrero de 2023, reúne piezas clásicas y otras que no existen en ningún tablero corriente, reliquias que dan bonificaciones y objetos que sirven para una sola ronda, todo para formar un ejército que plantar frente a la Guarida, al final del camino. La regla que lo ordena todo es seca: una pieza cada vez, y cada elección pesa sobre las siguientes. Perder no cierra la partida: devuelve a otra línea temporal, con el mapa, los enemigos y las recompensas sorteados de nuevo, y la derrota se convierte en material para el intento siguiente, no en un punto final.
Las partidas duran entre 15 y 45 minutos, así que caben en un descanso corto o en una sesión más larga. Todo el contenido está disponible desde el principio, sin restricciones de acceso, y quien nunca haya estudiado ajedrez también puede entrar: el juego no exige ningún bagaje del tablero clásico y su texto está íntegramente traducido al portugués. Las ilustraciones son de Isaac Murgadella.
Después del estreno: Steam Deck, mods y un segundo juego
Oriol Cosp Games sigue tocando el juego mucho después del estreno. A finales de octubre de 2024 anunció compatibilidad total con Steam Deck, con ajustes de resolución y soporte completo para mando: se puede jugar lejos del escritorio sin renunciar a la experiencia completa.
En febrero de 2025 abrió una prueba de mods desarrollada junto a IngoH, que colabora con el estudio: quien tuviera el juego podía entrar en una versión de pruebas y crear piezas nuevas a partir de la documentación que publicó el propio estudio.
En mayo de 2025, el mismo desarrollador lanzó un segundo juego, Gods vs Horrors: una estrategia de partidas repetidas, parecida en la raíz, pero orientada a armar el conjunto perfecto y no a la ejecución táctica pieza a pieza que define a The Ouroboros King.
Quien lo recomienda también le da un pellizco a la interfaz
En Steam, donde se vende el juego, la balanza de quienes juegan se inclina al lado favorable, aunque las opiniones divergen, y dos reseñas de quienes lo recomiendan ayudan a entender por qué.
Quien llegó a 13 horas, en una reseña del 6 de septiembre, describe una experiencia divertida para quien ya disfruta del ajedrez, pero sin fuelle para durar: más una curiosidad para atravesar una vez que un juego al que se vuelve.
Quien pasó 6 horas, en una reseña del 25 de septiembre, elogia las variaciones que el juego propone sobre el ajedrez clásico y el ritmo de las partidas, y en el mismo texto llama a la interfaz una de las peores que se han visto en un juego: piezas que anuncian un cambio futuro sin decir cuál, menús en los que nada se explica solo. Es un elogio con reparos: que guste el tablero no libra a nadie de pelearse con sus menús.
La balanza gira: piezas que no juegan con sus propias reglas
Al otro lado de la balanza, la queja se repite: el juego no siempre juega con las reglas que él mismo establece. Quien se detuvo en 3 horas, en una reseña del 7 de septiembre, atribuye buena parte de la frustración a la inteligencia artificial rival, que en esa lectura recurre a tácticas desleales para dar la vuelta a partidas ya decididas.
Quien llegó a 23 horas, en una reseña del 6 de septiembre —la mayor carga horaria entre las críticas—, va más a fondo: señala un logro concreto como casi imposible de conseguir sin sufrimiento, describe una jugada que ignora una defensa que debería valer contra ella y reclama equilibrio para dos piezas: una que queda prácticamente a salvo en cuanto elimina a un enemigo y otra que considera sencillamente demasiado fuerte para el resto del juego.
Una tercera lectura, de quien se detuvo en 6 horas en una reseña del 9 de septiembre, resume la idea que hay detrás de las otras dos: el concepto convence, pero la ejecución todavía no alcanza lo que promete. Cuanto más a fondo se juega, mayor es la probabilidad de tropezar con una regla que parece haberse olvidado de sí misma.
Para quién sirve el tablero
Sirve bien a quien quiere decidir rápido y resolver en una sola sesión: partidas de entre 15 y 45 minutos, todo disponible desde el primer turno, ningún bagaje ajedrecístico exigido en la puerta. Sirve también a quien tiene a alguien al lado: el juego se juega de dos en el mismo aparato, con piezas que no existen en ningún tablero clásico para desafiar a esa otra persona.
No sirve a quien se irrita con un juego que esconde su propia información, ni a quien pretende acumular decenas de horas hurgando en piezas que, según quienes ya han llegado a ese punto, no juegan con las reglas que prometen. En esos dos puntos —el menú callado y el equilibrio en entredicho— quienes lo recomiendan y quienes no describen exactamente lo mismo, solo que desde extremos opuestos de la paciencia.