
Richard Nolan despierta sin su familia en un Berlín tomado por drones y vigilancia
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Quien se queda por la historia perdona los puzles fáciles; quien buscaba un juego de verdad no perdona nada.
Una explosión, un hospital y la familia que desapareció
Berlín, 2048. Richard Nolan es uno de los pocos periodistas que todavía critica en voz alta la promesa oficial de salvación por la tecnología: drones y robots humanoides ocupando los puestos que antes eran de personas, todo conectado, todo el mundo vigilado, mientras escasean los recursos, el agua y el aire deterioran la salud de quien los respira, y el crimen y la guerra crecen alrededor. Despierta en un hospital tras una explosión y descubre que su mujer y su hijo han desaparecido sin dejar rastro. Solo entonces lo comprende: su familia se ha convertido en el centro de la disputa por el destino de la humanidad, no en su público.
A partir de ahí el drama familiar se vuelve tesis: ¿bastaría un paraíso digital sin necesidad material para resolver lo que la política no resolvió, o le bastaría a una superinteligencia con declararnos prescindibles, incapaz de aprender el valor de la compasión? Encarnas a Richard y a otros cinco personajes jugables, reuniendo pistas para reconstruir lo que él olvidó en la explosión.
El juego salió el 15 de agosto de 2018 de la mano de Daedalic Entertainment, cruzando acción, ciencia ficción y aventura, con un aspecto que combina escenarios realistas y personajes de trazos poligonales.

La historia convence; los puzles, no
Entre quienes lo recomiendan, el elogio casi nunca va para la jugabilidad. Un análisis del 31 de agosto de 2018 dice haber recibido lo que esperaba: los personajes, los textos, el escenario, la trama y el apartado visual sostienen el juego entero, pese a unos minijuegos que tacha de irritantes y faltos de imaginación. Otro, publicado el 21 de agosto de aquel año, sale en defensa del estilo poligonal de los personajes: para esa persona es una decisión deliberada y no un ahorro de producción, ya que el entorno que los rodea está mucho más detallado.
El patrón se repite análisis tras análisis: se alaba la interpretación de voz y la atmósfera de conspiración, y a la vez se protesta por los minijuegos metidos a medio camino. El 29 de abril de 2019, una persona resume la paradoja diciendo que amó el juego aunque fracasa como juego: la interactividad parece añadida al final, casi por compromiso, solo para que el producto no acabara llamándose simulador de paseo. En un análisis en alemán, publicado el 14 de noviembre de 2018, otro lector llama al conjunto una joya llena de aristas: celebra cómo la trama pasa del drama familiar al thriller sin perder el hilo, aunque los controles se atasquen de vez en cuando.
Si tu paciencia con el minijuego decorativo es corta, ten en cuenta que ese es el punto más citado por quienes, aun así, lo recomiendan: el 4 de noviembre de 2019, un jugador bautiza el género como historia interactiva más que acción o aventura, y escribe que los puzles nunca se hicieron para desafiar; solo sirven para mantener las manos ocupadas mientras la cabeza sigue la trama.
Caminar hacia el triángulo verde y pulsar un botón
La crítica que más se repite es estructural: poco que hacer más allá de andar y hacer clic. Un análisis del 11 de noviembre de 2023 resume la rutina como dirigirse al siguiente triángulo verde, pulsar un botón y ver una escena. El 20 de abril de 2021, otro jugador niega que aquello sea un juego: lo llama película interactiva, todo resuelto pulsando en lo que parpadea en pantalla.
La fricción técnica aparece con nombre y apellidos. Si tu única ventana libre es un sábado por la noche, esos atascos salen caros: el 15 de noviembre de 2022, una persona renuncia a terminarlo porque el guardado automático obliga a repetir el mismo tramo tras cada corte de sesión. El 12 de febrero de 2020, otra cuenta que el juego se cuelga cerca del final, un fallo del que informan jugadores en distintas plataformas y sin señales de arreglo. Y el 25 de julio de 2021, alguien se queja de los créditos finales: no se pueden saltar y pasan de los veinte minutos.
El 25 de abril de 2021, un análisis lo resume: los escenarios son bonitos y nada más — diálogos sin inspiración, historia trillada, puzles demasiado fáciles para añadir nada a la experiencia. En septiembre de 2020, otra persona escribe que terminó sin entender qué quería decir el juego sobre transhumanismo e inteligencia artificial, con hilos de la trama que nunca se cierran. Aun así, el apartado visual y la ambientación se libran de ese mismo tono agresivo: la molestia vive en lo que se hace con las manos, no en lo que se ve en pantalla.
Rumbo al triángulo verde: para quién merece la pena esa caminata
Junta las dos caras y aparece la medida: si entras buscando un guion bien escrito, una atmósfera de vigilancia y un reparto encabezado por Richard y otros cinco personajes jugables, sales satisfecho, aun sabiendo que pasarás buena parte del tiempo pulsando en lo que parpadea en pantalla. Conviene pensarlo como una novela que se lee con el ratón: exígele el argumento, no el reto.
Quien quiera resolver algo de verdad, o al menos jugar sin tropezar con controles atascados y con un guardado automático que obliga a repetir escenas, chocará contra la misma pared que describe la mayoría de las notas bajas. Y para quien llega cerca del final: al menos una persona no consiguió terminarlo — el juego se colgó sin que la historia se resolviera.