
South Scrimshaw se hace pasar por un documental sobre una ballena que la ciencia nunca vio
Sin plazo: sigue en el catálogo hasta que la tienda lo retire.
Reclamar en GOG ↗El canje es en tu cuenta de la tienda; Clairo no lo reclama por ti.
La disponibilidad puede variar según la región.
En cuatro capítulos pintados a la acuarela, la tinta y los medios digitales, un único autor narra la vida entera de una cría de ballena en un planeta que no existe.
Un documental sobre un animal que nadie ha visto
Los créditos de apertura agradecen a quienes financiaron aquel documental, con el mismo tono que emplean las cadenas de televisión pública, solo que aquí no hay cadena, no hay equipo de rodaje y la especie retratada nunca existió. De principio a fin, South Scrimshaw, Part One finge mostrar un registro real: una conciencia que despierta dentro de un huevo acuático, una cría de ballena que toma conciencia de su propio cuerpo por primera vez.
El juego es una narración lineal, más cercana a un álbum narrado que se hojea que a algo con ramificaciones de decisiones, aunque se puede pausar y guardar en cualquier momento: no decides nada, solo acompañas a tu propio ritmo. Más de 400 ilustraciones, pintadas a la acuarela, la tinta y los medios digitales, sostienen una banda de música y efectos de sonido pensada para sonar como un auténtico documental de naturaleza. Esta primera parte reúne cuatro capítulos y abarca la vida de la cría desde el nacimiento hasta el final de la adolescencia, entremezclándola con indicios de una expedición humana interplanetaria que descubrió el planeta.
La ficha de la tienda atribuye todo a una sola persona —guion, arte y distribución—: Nathan O. Marsh. El juego llegó el 7 de agosto de 2023 y la tienda todavía lo clasifica como acceso anticipado, algo que encaja con la petición que se repite entre quienes escribieron elogiando el trabajo: quieren saber qué trae el capítulo siguiente.

Llamarlo videojuego es discutible, y a nadie le importa
Quien escribió el 9 de agosto de 2023 califica la experiencia de corta y relajante, y resalta la posibilidad de pausar y guardar en cualquier momento. Otra persona, ese mismo mes, compara el resultado con un cruce entre un documental de naturaleza al estilo de David Attenborough y la especulación evolutiva: una buena manera de pasar una hora o dos.
Una reseña del 27 de abril de 2024 reconoce el cuidado dibujo técnico, hecho a mano, con estilo de vídeo educativo, pero plantea la pregunta que ronda todo el género: si apenas hay algo que hacer más allá de observar, ¿esto es realmente un juego? La propia respuesta no parece preocuparse: la mezcla de narración, sonido y arte sostiene una historia con humor ligero y momentos emocionantes, cerrada con la promesa de una continuación.
Quien ya seguía documentales reales de naturaleza y ficción especulativa encontró terreno conocido: una reseña de octubre de 2023 enumera esas referencias favoritas y agradece directamente al autor, a la espera del siguiente episodio. En diciembre de 2025, otra persona sigue recomendando el trabajo a los aficionados a la ciencia ficción antigua y a los artistas visuales, y describe la experiencia como tiempo bien invertido mientras confía en que lleguen más capítulos. El patrón se repite: se elogia el arte y la voz de documental, y la petición que queda al final es siempre la misma: más capítulos de una historia que, aquí, se detiene en la adolescencia de la cría, sin el resto de la vida prometida.
Cuando el mismo estilo se convierte en defecto
No todo el mundo compra el disfraz documental. Quien discrepó —una reseña publicada en español el 14 de mayo de 2026— describe la presentación como mediocre en imagen, sonido, banda sonora e historia, y reduce el conjunto a una telenovela o un documental lento que solo usa la cáscara de videojuego para disfrazarse. Es la misma receta elogiada en la sección anterior —poca interacción, ritmo de narración guiada—, leída aquí como el problema y no como la virtud. Si llegas esperando decidir algo, la calma que los fans alaban suena a puro relleno.
Para quien acepta ser espectador, no jugador de mando
South Scrimshaw cumple lo que promete a quien acepta ser espectador: te sientas, dejas que la cámara cuente la historia de la cría y asumes que pausar y guardar son los únicos mandos que quedan. Es una experiencia para quien disfruta del documental de naturaleza, de la ciencia ficción adulta y de la ilustración pintada a mano: el mismo público que termina el juego esperando el capítulo siguiente. Quien lo abre en busca de decisiones —un camino equivocado, un segundo intento— lo cierra en la primera escena, sin esperar a que la ballena crezca: no hay nada que decidir, solo que acompañar, y es justamente ese punto el que separa a quienes recomiendan el trabajo de quienes lo tildan de telenovela lenta. Un segundo capítulo terminado no está dentro de este paquete: solo la promesa, dejada por quienes desearon una continuación, de que la vida de la cría sigue en otro lugar.