
POSTAL: Classic and Uncut, el juego prohibido en más de diez países
Sin plazo: sigue en el catálogo hasta que la tienda lo retire.
Reclamar en GOG ↗El canje es en tu cuenta de la tienda; Clairo no lo reclama por ti.
La disponibilidad puede variar según la región.
Para unos, la incomodidad de disparar a gente común es la idea central del juego; para otros, es solo un control anticuado que no deja jugar a gusto.
El juego prohibido en más de diez países
Más de diez países han prohibido POSTAL. El motivo no es el género ni la puntería isométrica: es el blanco. No apuntas a un alienígena ni a un monstruo fantástico, apuntas a vecinos corrientes, a manifestantes, a una banda entera desfilando por la calle, sin ningún disfraz que amortigüe el gatillo. La tienda resume el argumento como un thriller psicológico de acción y estrategia: nada de misiones para rescatar a una princesa, solo un hombre al borde de la cordura que decide hasta dónde llegar.
La versión que llega ahora al catálogo es la Classic and Uncut, que reúne en una sola instalación el juego original y el paquete adicional Special Delivery: fases extra y un elenco más amplio de gente con la que cruzarse por el camino. Quien quiera repartir la matanza en compañía entra en el modo para varios jugadores bautizado como Go Postal. Quien firma el proyecto de principio a fin es la misma casa: Running With Scissors distribuye también su propio juego, sin editora detrás; la marca que cargó con la polémica es la misma que decide, aún hoy, dónde y cómo aparece.
Esta edición apareció en el catálogo el 17 de abril de 2009, catalogada por la propia tienda bajo las etiquetas disparos, acción y terror: tres palabras que, juntas, no avisan de la incomodidad que el juego busca provocar a propósito.
El argumento que solo aparece en el manual
Dos reseñas, escritas con años de diferencia, llegan al mismo punto por caminos distintos. El 19 de abril de 2009, un jugador cuenta que la trama vive fuera de la pantalla: está en el manual, contada como el retrato, capítulo a capítulo, de un hombre convencido de que el mundo entero quiere matarlo. El 16 de noviembre de 2021, otro describe el mismo mecanismo desde dentro del propio juego: un diario que se lee en las pantallas de carga entre una fase y otra, fechado como si fuera 1997, sin música, solo los gritos de quien cae. Eres tú quien hojea ese diario entre una fase y otra, y quien decide si se cree su excusa.
Meses después, el 19 de mayo de 2022, una tercera lectura va más allá: llama al juego una deconstrucción deliberada del debate sobre la violencia en los videojuegos, y cita a Jack Thompson, Joe Lieberman y Hillary Clinton como voces que usaban POSTAL como prueba de lo peor que los juegos podían hacer; y devuelve el argumento al afirmar que la incomodidad de matar a gente común es el objetivo, no el descuido de quien hizo el juego. Ninguna de estas lecturas niega lo evidente: la reseña del 23 de abril de 2009 ya llamaba a los controles un punto débil asumido, herencia de una época sin doble analógico, en la que girar y apuntar exigían botones distintos; y aun así recomendaba el juego, advirtiendo de que quien entiende lo que pretende ser no se extraña ante la fricción.
El 4 de julio de 2021, una reseña más práctica da la medida: se puede terminar el juego original y el paquete extra en unas cuatro horas. La misma persona avisa de que el juego no guarda solo —hay que grabar al principio de cada misión— y de que los enemigos aguantan demasiadas balas para el tamaño de la fase, pero aun así califica la experiencia de agradable.
Cuando girar a la izquierda pone el juego en tu contra
El 18 de octubre de 2012, un jugador que de niño adoraba la versión de prueba intentó reencontrar esa misma sensación en la versión completa, y no lo consiguió. El motivo que señala es técnico, no emocional: en los juegos isométricos más nuevos, como Bastion, izquierda y derecha apuntan siempre al mismo lado de la pantalla; aquí cambian de sentido según el personaje esté de espaldas o de frente a la cámara. Eres tú quien se bloquea en medio del tiroteo intentando recordar hacia dónde mira el personaje, mientras los disparos siguen llegando.
Tres días después, el 21 de octubre de 2012, otra reseña describe el problema como un fallo real, no como nostalgia perdida: en Windows 7, la tecla de girar a la izquierda no responde bien, ni siquiera después del arreglo que ofrece la propia tienda, y los enemigos caídos se quedan girando en el suelo, rompiendo la escena. El 26 de diciembre de 2010, otro jugador ya le había puesto nombre a esa misma tecla: injugable. Una queja de noviembre de 2017 se suma a las anteriores, pero cambia de blanco: sostiene que la propia Running With Scissors trata esta versión como olvidada y recomienda, en otro sitio, la edición que se vende en Steam.
Una reseña del 11 de noviembre de 2017 ni siquiera intenta arreglar el argumento: dice que quien quiere reírse con la violencia exagerada la encuentra en POSTAL 2, o en GTA y Saints Row.
Quién aguanta la incomodidad y quién debería pasar ya a otro juego
POSTAL no te pide que te relajes: pone una banda entera desfilando por la calle y una multitud de manifestantes al alcance de tu arma, y espera que eso pese en algún rincón del estómago. El motivo de la prohibición en más de diez países es el mismo que atrae a quien acepta ese trato: tratar la fricción de los controles como parte de la incomodidad, no como un defecto que haya que perdonar. Esa persona encuentra en el manual y en las pantallas de carga una historia que pocos juegos del género se molestaban en contar.
Quien busca otra cosa, los propios jugadores ya han señalado la salida: para reírse con ese tipo de violencia exagerada, recomiendan POSTAL 2, o GTA y Saints Row; para un control que responda sin recálculo mental a cada giro, cualquier isométrico más nuevo lo resuelve. La aprobación general aquí es mayoría, pero está lejos de ser unanimidad; y después de leer las dos pilas de reseñas, la división tiene sentido: no es gente que odia el juego contra gente que lo ama, es la misma incomodidad leída como propuesta por unos y como fallo técnico por otros.