
Lure of the Temptress: el teatro virtual anterior a Broken Sword
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Turnvale fue el primer escenario en el que Revolution Software dejó que los secundarios vivieran solos en pantalla, y parte de quienes lo jugaron nunca llegó a decidir si eso ayuda o estorba.
Turnvale no espera a nadie
Los vecinos de Turnvale siguen su propia rutina: cruzan la calle, conversan entre ellos y se mueven a sus anchas por la pantalla sin esperar a que aparezcas en escena. Es lo que la tienda bautizó como Virtual Theatre —teatro virtual—, el sistema que Revolution Software estrenó aquí, en el primer título de una estirpe levantada sobre la idea de que el escenario sigue vivo esté el jugador dentro o no. Fue el comienzo del estudio que, más adelante, firmaría la serie Broken Sword.
En la piel de Diermot, un joven campesino reclutado como ojeador de la cacería real, entras en escena cuando una partida de guerreros mercenarios —a sueldo de una figura que nadie en el reino consigue identificar, la propia Temptress del título— llega a Turnvale y rompe la paz del lugar. Todo se resuelve con el clic del ratón: mover, hablar, registrar y pelear, a lo largo de más de sesenta escenarios pintados a mano y más de veinticinco personajes. Uno de ellos, el aprendiz Ratpouch, se convierte en compañía casi constante: puedes darle órdenes y usarlo para desbloquear enigmas que a solas no tienen solución.
La tienda resume el resultado como una historia envolvente ambientada en una época medieval sombría, con el aire deliberadamente anticuado de una aventura clásica de apuntar y hacer clic, y es ese mismo elenco autónomo que abre el juego el que después divide las reseñas, entre quienes celebran la vida propia de los personajes y quienes solo querían que se quitaran de en medio.
El cariño sobrevive al emulador roto
Quienes llegaron a Turnvale por primera vez, en 2009, describieron la historia como bien contada y a los personajes como entrañables, con unos gráficos que aún impresionaban para la época. Quienes volvieron más tarde, en 2022, llamaron al juego un clásico y reconocieron que la lógica de los enigmas se sostiene incluso vista con ojos modernos, algo notable para lo que se pensó para caber en unos pocos disquetes.
Un jugador que lo descubrió en el Atari ST, cuando aún era nuevo, lo llama su primer juego de aventuras, y dice guardarle un cariño que ningún otro título del género le despierta, pese a haber esperado años una secuela que nunca llegó.
El elogio, sin embargo, casi siempre viene con la misma queja: los secundarios chocan contigo todo el rato. Ratpouch, el aprendiz que acompaña a Diermot durante casi todo el juego, es el principal culpable: te empuja, se descontrola, cruza la pantalla por su cuenta y la conversación que intentabas iniciar se corta a la mitad. Un jugador que volvió al juego en 2021 intentó separar las dos cosas: elogia la aventura en sí y culpa a la versión que distribuye la tienda; para él, el problema está en el emulador ScummVM integrado, que rompe el mismo sistema de rutas que debería hacer que los personajes deambulen libres por la ciudad.
La vara de medir es el propio estudio
Quien escribió en 2009 y quien volvió en 2012 hacen la misma comparación, cada uno a su manera: al lado de Beneath a Steel Sky —el juego siguiente de Revolution Software—, Lure of the Temptress suena tosco. Los dos hablan de la misma molestia, un exceso de opciones de menú que convierte una acción sencilla en prueba y error, con pistas que no indican por dónde seguir.
Otros dos expresan el mismo cansancio desde ángulos distintos: uno, en 2010, se queja de la banda sonora que se repite hasta que la apagas y de unos chistes buenos pero escasos; otro, en 2011, describe los apartados visuales como funcionales, sin pretensión de arte, y el sistema de comandos como herencia visible de los juegos de texto que vinieron antes. Ninguno de los dos niega el problema que también aparece del lado de quienes disfrutaron: los personajes chocan entre sí delante de ti, y te quedas parado esperando a que el camino se despeje.
La crítica más dura, publicada en 2009, viene de alguien que aun así terminó el juego: se topó con un fallo que bloquea el desenlace en ScummVM, no encontró ninguna solución que funcionara y vio los minutos finales en vídeo, fuera del propio juego. La recomendación que queda de ahí es clara: merece la pena para quien ya ha decidido que necesita completar todo clásico del género, no para quien solo busca una buena historia de apuntar y hacer clic.
Sirve a quien quiere ver el boceto antes del cuadro terminado
Lure of the Temptress interesa a quien quiere ver el boceto antes del cuadro terminado: el momento en que Revolution Software probaba, por primera vez, a dejar que el escenario viviera sin pedir permiso al jugador, una idea que el propio estudio refinaría después en Broken Sword. Es material para quien tiene paciencia con un menú anticuado, con enigmas que avanzan a base de prueba y error y con un secundario que cruza la pantalla sin avisar.
Quien busca un apuntar y hacer clic redondo, sin tropiezos técnicos, se topará primero con el mismo obstáculo que aparece en los dos lados de las reseñas, literalmente: el compañero que bloquea la escena justo delante de ti. Lo que Turnvale exige a quien entra es paciencia con Ratpouch, del primer encontronazo al último.