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Luftrausers: el estudio cerró, el avión nunca dejó de caer

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TERMINÓ EL 17 DE SEPTIEMBRE

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Más de 125 combinaciones de avión abren el hangar; fuera solo existe la supervivencia, sin campaña que guíe al piloto.

125 combinaciones de avión, un único campo de batalla

El hangar reúne más de 125 combinaciones de arma, fuselaje y sistema de propulsión. Fuera de él existe un único escenario: la batalla contra acorazados, submarinos y otros ases en un cielo en llamas, sin una pausa para respirar. La combinación se decide todavía en tierra; esa elección cambia cómo se comporta el avión allá arriba y cómo cae cuando recibe el disparo certero. Cada pieza también reordena la banda sonora, compuesta por KOZILEK, que cambia de cara según el avión que se haya montado.

Lanzado el 18 de marzo de 2014, el juego lleva la firma de Vlambeer, y la distribución corrió a cargo de Devolver Digital. Desbloquear nuevas combinaciones de pieza y color exige más de 100 misiones completadas: el premio por sobrevivir es más libertad para montar el siguiente avión.

Vlambeer bajó la persiana diez años después de nacer

Vlambeer cerró sus puertas, según el anuncio publicado el 2 de septiembre de 2020. El estudio nació en 2010, fundado por Rami Ismail y Jan Willem Nijman, y la salida fue decisión de los propios fundadores, que describieron la década como llena de logros y dijeron que había llegado el momento de pasar a otros proyectos. Si abres el tablón de anuncios del estudio, no encontrarás ninguna actualización suya después de la despedida.

De una hora a cincuenta y seis, el mismo motivo para volver

Quien llega suele marcharse recomendándolo. Una reseña de septiembre de 2014, tras 1 hora de juego, ya elogiaba el ritmo de los combates contra acorazados y submarinos. En 2017, otra —6 horas jugadas— repite el mismo encanto: lo visual y el ritmo enganchan en los primeros minutos.

El patrón se repite en quienes se quedan más tiempo. Es fácil reconocerse ahí: fallas, caes, vuelves a subir y, poco a poco, te aprendes el patrón del enemigo. Una reseña de agosto de 2026, tras 56 horas de juego, describe la dificultad como gratificante y observa que la banda sonora cambia con el avión y con el daño que ya ha recibido. Otra, de septiembre de 2026, con 11 horas jugadas, recuerda el instante en que sonó una alarma porque el radar se había llenado de enemigos, y aquel sobresalto se convirtió en la escena que más recuerda.

No todo elogio llega sin reparos. Una reseña de mayo de 2021, con 3 horas jugadas, alaba la jugabilidad del juego y se queja de su corta duración y de la escasa variedad de piezas para personalizar el avión: el precio que hasta quien lo disfruta paga por un juego pequeño.

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Las críticas vienen de quienes apenas despegaron

En el otro lado, quien no disfrutó casi siempre lo deja pronto. Una reseña de junio de 2017, sin ninguna hora registrada, vino de alguien que recibió el juego dentro de un paquete mayor y se queja de todo: un avión difícil de pilotar, la falta de pantalla completa, la ausencia de un menú y de una campaña; solo queda el modo de supervivencia, sin nada a su alrededor. Sin pantalla completa y sin menú, sientes que has abierto un juego a medias.

Una reseña de noviembre de 2014, con 1 hora jugada, compara el ritmo con el de los minijuegos sencillos de móvil y no recomienda el título. Una reseña en chino, de agosto de 2026, también sin hora registrada, se queja de que el ritmo exige una reacción demasiado rápida y resume el juego como poco sustancial.

Pero esas voces en contra son raras, y es en Steam, adonde apunta la ficha usada aquí, donde quien se sienta en la cabina sale recomendándolo.

Quién se queda y quién lo deja sin montar el segundo avión

Quien busca una historia aquí no la va a encontrar: no hay campaña, solo el ciclo de despegar, disparar y caer en las mismas aguas en llamas. Caerás muchas veces mientras aprendes el patrón de ataque correcto; eso es el juego, no un defecto suyo. A quien le gusta perseguir una puntuación mejor con cada nueva caída, y no le importa empezar de cero cada vez que el avión estalla, encontrará ahí un vicio de pocos minutos por partida. Quien necesita progreso guardado entre una sesión y otra, o una misión mayor que lo ate todo, lo deja sin montar el segundo avión.