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Loria: el clon de Warcraft que la propia comunidad defiende

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Lanzado en 2019 y aún catalogado como acceso anticipado, el juego mete héroes que suben de nivel dentro de una estructura que confiesa, sin pedir perdón, de dónde viene.

Dos razas, seis héroes y un parecido que nadie niega

La reseña más votada de Loria —marcada como útil por 147 personas— arranca confesando la acusación más grave que se le podría hacer al juego: lo llama clon evidente de Warcraft II en el arte y de Warcraft III en la mecánica, y señala que hasta el formato de las partidas sueltas, con objetos mágicos custodiados por monstruos neutrales, se copió sin disimulo. Recorre el resto de las valoraciones y la comparación se repite de reseña en reseña, tanto para elogiar como para condenar: lo que cambia nunca es lo que se reconoce, sino lo que cada lector hace con ese reconocimiento. Si ya has jugado a los clásicos de la estrategia en tiempo real, el diseño te resultará familiar de inmediato.

Bajo la superficie de estrategia en tiempo real, el juego injerta piezas de otro género: héroes jugables que suben de nivel y llevan mochila, objetos que recoger y misiones que hacen avanzar la historia de cada campaña. El juego tiene dos razas jugables, cada una con su propia campaña. Juntas, las campañas suman dieciséis misiones, ocho de cada bando. Hay también partidas sueltas independientes y unidades que ganan estatus de veteranas tras sobrevivir al combate, y seis héroes únicos se reparten ese elenco.

Creado y distribuido por el propio estudio Loria, que le prestó el nombre al juego, el título salió el 21 de agosto de 2019, y la ficha de la tienda todavía lo clasifica como acceso anticipado. Es un detalle que pesa más adelante: no todo el que volvió a jugar, años después del lanzamiento, encontró un proyecto en marcha.

Los que reconocen Warcraft y lo agradecen igual

Quien llega a Loria sabiendo ya de dónde viene suele salir satisfecho. En una reseña del 22 de agosto de 2019, con la nota máxima, el ambiente se describe como un regreso a la edad de oro de la estrategia en tiempo real: el prólogo recuerda, según quien lo escribió, a los viejos guiones de Ultima, el doblaje tiene un humor socarrón y los controles siguen de cerca a los juegos de estrategia en tiempo real más recientes de Blizzard. La misma persona apunta que la banda sonora remite a Warcraft II con identidad propia y que la inteligencia artificial calcula bien las rutas la mayor parte del tiempo, salvo alguna unidad que se atasca en el escenario.

Quien valoró el juego el 24 de agosto de ese mismo año fue más allá de la nostalgia: contó que solo se fijó en el título por la versión para Linux, hecha no por el estudio, sino por un voluntario de la comunidad en pocos días de trabajo, y que, sin ese detalle, lo habría ignorado. Hoy esa persona dice que Loria es uno de sus favoritos. Si te sabes de memoria el sonido de una unidad recibiendo una orden en Warcraft, aquí el eco es inmediato.

No todo elogio es limpio. En una reseña del 26 de agosto de 2019, alguien recomienda el juego advirtiendo que no es para todo el mundo: junto al arte de Warcraft II, la banda sonora y el humor de la campaña, enumera unidades que se quedan clavadas o se teletransportan solas, pocos mapas de partida suelta y la ausencia de editor de mapas y de modo multijugador. Una valoración de 2025 resume lo que atraviesa los años: es difícil valorar Loria sin prejuicios, dado lo mucho que se parece al original, pero aun así es bueno.

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La misma copia, ahora como acusación

Quien llegó esperando originalidad salió incómodo con lo contrario de lo que celebran los fans. En una reseña del 21 de junio de 2021, la primera impresión se describe como burla, no homenaje: el juego heredó los mismos problemas de orientación de rutas que tenía el original, sin inventar nada fuera de lo que copió, y la persona llega a preguntar por qué no jugar directamente a las versiones antiguas de Warcraft II o III. Si esperas que un homenaje invente algo propio, es esa pregunta la que te va a acompañar. El doblaje, según esa misma reseña, es competente pero impersonal, y la dirección de arte es tan plana que esconde palancas, cofres y tesoros en el escenario.

El punto que más se repite del lado de la queja es técnico: unidades que se quedan clavadas, se teletransportan o se paran en mitad de una misión. Quien jugó el 10 de julio de 2021 relata un héroe que se atascó en el mapa y se quedó fuera del resto de la misión, y concluyó que los héroes son prescindibles, porque toda misión se resuelve igual: acumular tropas, atacar y perder la mitad ante torres que la inteligencia artificial reconstruye sin parar. Quien volvió el 20 de mayo de 2020, tratando de reencontrarse con el juego, halló un proyecto parado: sin editor de mapas, sin actualización desde hacía tiempo; la etiqueta de acceso anticipado, a su juicio, ya no correspondía a nada en marcha.

No toda queja nace del desprecio. Una reseña del 2 de junio de 2022 empieza advirtiendo que a quien escribe le cuesta poner una nota negativa; antes de reclamar, le reconoce al juego el arte, el humor y el cariño por la referencia a Warcraft II. La persona cuenta que abandonó la campaña en la tercera misión, cuando el único depósito de oro disponible se agotó frente a un ejército que consideró casi imposible de vencer en dificultad normal.

Donde la copia se vuelve criterio de elección

Loria le sirve bien a quien quiere el formato de Warcraft II y III sin reinstalar los juegos originales y no le importa toparse con unidades que se quedan clavadas o se teletransportan por el camino. Le sirve mal a quien juega solo buscando una dificultad equilibrada, variedad de mapas o alguien al otro lado de la red: nada de eso está aquí, y quien se anime lo echará en falta pronto. La base de quienes lo valoraron es pequeña y mayoritariamente favorable, pero la vara que separa a quien le gustó de quien no es siempre la misma: la copia asumida del juego. Un lado lo llama cariño; el otro, pereza. Loria no decide por ti: solo garantiza que, una vez elegido el bando, el juego entrega exactamente lo que prometió copiar.