LONESTAR: el gremio de cazarrecompensas que paga cada victoria con vacaciones
Ya no se está regalando · volvió a costar R$ 17,19
Ver en la tienda ↗Esta página queda como registro de lo que ya se regaló.
La disponibilidad puede variar según la región.
La ficha de la tienda lo vende como estrategia de cartas a bordo de las naves; quien lleva horas dentro asegura que el corazón del sistema es otro.
Gana la batalla, cóbrate unas vacaciones
Entras en un gremio de cazarrecompensas que trata la violencia como un empleo con nómina: cumple un contrato y la paga no es solo botín, son vacaciones. Un periodo de descanso con sus propios eventos, sus decisiones y sus recursos, y solo después arranca la siguiente cacería.
La ficha de la tienda resume el combate como estrategia de cartas a bordo de la nave; en la práctica, lo que decide un enfrentamiento es una batalla de onda de choque: las dos naves acumulan energía, reparten los números en grupos y comparan qué bando pesa más en cada uno. El escudo del bando que pierde se va desgastando y, al llegar a cero, deja salir un golpe extra. Cada nave trae casi cien piezas exclusivas, y la tripulación toma cuerpo cuando el jugador suma a las suyas las habilidades de otros pilotos.
Tras el lanzamiento, un piloto que nadie ha visto por completo
El muro de novedades del estudio Math Tide no se detuvo con el lanzamiento. El 3 de marzo de 2026, el Gremio fichó a un piloto nuevo, bautizado R3SET: el texto que lo presenta jura que nadie ha visto su forma real, que es más viejo que el propio gremio y que quizá sea un operador independiente escondido en una nave antigua. Si vuelves al juego tras una pausa, es este piloto el que te recibe, junto a un enemigo de élite con un sistema de armas potente y una refrigeración mal resuelta, y a unos ajustes de equilibrio en los talentos aleatorios que el juego reparte.
Meses atrás, el 25 de noviembre de 2025, el mismo estudio había pedido votos a la comunidad para un premio de Steam a la jugabilidad más innovadora. Es la misma palabra, innovador, la que reaparece en boca de quien juega, aunque nunca llega sola: siempre trae una salvedad detrás.
El reproche que vive dentro del propio elogio
Quien llevaba 11 horas probando el juego fue, el 23 de septiembre de 2026, directo a lo que la ficha de la tienda deja pasar: esto no es exactamente un juego de apilar cartas. Equipas la nave con piezas que se activan con la energía que ella misma genera en cada ronda, y el azar está solo en el color y el valor de esa energía; el resto es ordenar qué entra en cada ranura y colocar la nave para dar en el grupo adecuado. Se parece más a resolver un rompecabezas de tuberías que a montar un mazo.
Quien alcanzó las 46 horas, el 26 de septiembre de 2026, atribuye las ganas de seguir a la variedad: poderes, tesoros y naves distintos en cada intento, con pilotos y combinaciones de tripulación que cambian un mismo combate varias veces. Otro, con 11 horas a la espalda el 24 de septiembre de 2026, vio allí algo que suena nuevo dentro del género: repartir la energía en grupos e ir desgastando escudo a escudo le pareció lo bastante fresco como para engancharle, incluso en las fases más duras del juego.
Ese mismo jugador de las 11 horas del 24 de septiembre señala el precio de la novedad: las piezas no tienen cara propia, casi todas parecen el mismo engranaje, y eso devuelve al jugador al texto explicativo cada dos por tres. Quien jugó 5 horas, el 23 de septiembre de 2026, suma otra queja: el juego nunca aclara por qué el daño de una ronda salió así, y ciertos efectos raros no llegan a activarse como deberían. La economía tampoco ayuda: sin una fuente estable de recursos, una partida o engorda demasiado rápido o se acaba pronto y el jugador vuelve a empezar de cero. Y en Steam, la tienda donde se vende el juego, quien juega terminó recomendándolo a pesar de todo.
Para quien lee la pieza antes de usarla
Si te gusta optimizar sistemas, probar en qué orden encajan las piezas y no te molesta detenerte en mitad de una partida para entender una pieza nueva, el juego da para decenas de intentos distintos: pilotos, tripulaciones y naves cambian un mismo combate varias veces. Si lo que querías era apilar cartas como en otros juegos del género, lo echarás en falta enseguida: aquí el azar está en la energía que genera la nave, no en una mano de cartas, y la curva de lectura es el peaje que se paga por unas piezas sin cara propia. Quien acepta ese peaje sale satisfecho; quien no, lo deja la primera vez que tiene que detenerse a leer una explicación.