Avísenme

Jill of the Jungle: una trilogía entera y tres formas de convertirse en bicho

GOG
SIEMPRE GRATIS EN GOG

Sin plazo: sigue en el catálogo hasta que la tienda lo retire.

Reclamar en GOG ↗

El canje es en tu cuenta de la tienda; Clairo no lo reclama por ti.

La disponibilidad puede variar según la región.

Entre los testimonios de 2018, que tratan el juego como un regalo de la infancia, y el de 2025, que solo ve un Mario cansado, la diferencia nunca fue el juego: fue quién llegó primero.

Un cuchillo, una cuchilla giratoria y tres disfraces de animal

Jill afronta la lucha más difícil de su vida en una selva donde el arma de mano es un cuchillo y una cuchilla giratoria. El verdadero truco contra los enemigos, sin embargo, está en los iconos mágicos repartidos por el camino: convierten a la protagonista en un pájaro en llamas, en una rana saltarina o, mejor aún, en un pez capaz de disparar. Esta edición reúne los tres capítulos originales —Jill of the Jungle, Jill Goes Underground y Jill Saves the Prince— en un solo paquete, para quien quiera atravesar la selva entera de una vez.

Es acción y plataformas al estilo de las recreativas: eliges la fase en un mapa más grande y vas de un punto a otro enfrentándote a lo que aparezca. Epic Games firma la producción y la distribución de esta versión recopilatoria, lanzada el 2 de noviembre de 2018. No hay tráiler que ver; quien quiera un primer contacto visual depende de las capturas de pantalla publicadas por la tienda.

Quien no tuvo Mario, tuvo a Jill

Las reseñas más antiguas surgieron el mismo día del relanzamiento, el 2 de noviembre de 2018, y repiten una escena parecida: alguien abre la cartera dispuesto a pagar por el juego y descubre, en la caja, que ya no cuesta nada, una sorpresa que uno de los jugadores compara con recibir un regalo fuera de temporada. Otro cuenta que creció sin Mario, sin Sonic y sin Samus en casa, pero tenía a Jill, y atribuye a los gráficos coloridos y al sonido de la época el cariño que conserva hasta hoy. Un tercero recuerda el placer de convertirse en el pájaro en llamas solo para explorar mejor el mapa.

No todo en esas mismas reseñas es elogio sin reservas. Un jugador escribe en julio de 2019 que la protagonista podría ser pariente lejana de la investigadora de Resident Evil y, pasada la broma, admite que saltar y aterrizar bloquean al personaje por un instante, y que agachada no consigue lanzar el cuchillo contra los enemigos más bajos. Otro, en diciembre de 2021, elogia la jugabilidad antigua y aun así reconoce que el salto es raro y se agarrota cerca de las lianas, y que algunos tramos de la segunda parte de la trilogía irritan más de lo debido.

0 les gustó0 no

Una reseña solitaria, llegada mucho más tarde

Llegada mucho más tarde, en julio de 2025, una reseña desentona del coro. Para ese jugador, el plataformas bidimensional solo imita y parodia el molde de Mario, sin aportar nada propio: los gráficos, la física, la animación y la banda sonora suenan demasiado anticuados para convencer, y la única manera de reasignar las teclas es entrar en el emulador integrado que acompaña al juego. Los controles, escribe, son incómodos y cansinos, y el texto del juego existe solo en inglés.

El argumento también molesta: para ese jugador mezcla elementos de la selva con piezas industriales en una trama que considera sin ningún sentido, y la dificultad cae en el problema opuesto al de quien se queja de un juego difícil: los enemigos van de un lado a otro por rutas fijas, como robots previsibles. Aun así, queda una concesión: la interfaz funciona bien, y guardar y cargar la partida en hasta 5 espacios distintos no cuesta ningún esfuerzo.

Quien esté dispuesto a perdonar el salto atascado

La trilogía cunde más para quien ya lleva algún recuerdo de la selva antes de abrir el juego: un nombre familiar, una portada reconocida, un amigo que le prestó el disquete hace décadas. Es ese recuerdo el que perdona el salto atascado, el inglés sin traducir y la falta de opciones de configuración. Sin ese poso afectivo, queda una imitación anticuada de Mario, con una física agarrotada y poco aliento para enganchar a quien llega sin ninguna familiaridad con el material.

La vara de medir aquí no es la dificultad ni los gráficos: es si la selva ya significaba algo antes del primer salto.