Jazz Jackrabbit 2 Collection: la tortuga que quiso reescribir la historia de Carrotus
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Reeditada por GOG con un parche hecho por la propia comunidad, la colección del plataformas protagonizado por conejos arregla la pantalla del juego — y deja claro por qué compartir la pantalla sigue siendo un suplicio.
Una tortuga con máquina del tiempo y el conejo que quedó para impedir que la historia cambie
En una reseña escrita en polaco, un jugador cuenta que cerca de un tercio del código que desbloqueó la resolución original del juego salió del teclado de su propio hijo. No es una forma de hablar: es la comunidad de Jazz Jackrabbit 2 remendando, décadas después del lanzamiento original, una colección que GOG se limitó a devolver al estante.
La premisa es una villanía de manual: la tortuga Devan Shell construye una máquina del tiempo para reescribir el pasado de Carrotus, y te toca a ti, al mando del conejo Jazz —con su hermano Spaz, saltarín y despistado, al lado—, evitar que esa historia se borre. La colección reúne los dos episodios que la serie sumó tras el juego original: en Secret Files se une la hermana Lori, con unas dotes atléticas fuera de lo común, en una aventura por una casa encantada, una ciudad y una fase de Pascua que se alarga hacia un código secreto que conduce a Valhalla; en Christmas Chronicles los tres conejos cambian la aventura de siempre por paisajes nevados. Un editor de fases integrado, bautizado Jazz Creation Station, permite que cualquier jugador monte sus propias fases, y el modo para varias personas a la vez va desde dos que comparten una misma pantalla hasta 32 que comparten una partida por red.
Firma la reedición, como estudio y como distribuidora, Epic Games, la misma empresa que devolvió el título al catálogo de GOG el 30 de noviembre de 2017. En cuanto al género, la ficha lo fija en acción, plataformas y aventura: los conejos corren, vuelan, nadan y se teletransportan por decenas de fases, con tres personajes jugables, cada uno con una habilidad propia.
Mods de este juego en Clairo
Cada uno de ellos requiere este juego, según la propia tienda.
De padre a hijo: quien arregló la pantalla por su cuenta
El grupo que se pronunció sobre el juego el 30 de noviembre de 2017, fecha de la reedición en GOG, repite la misma escena: alguien que jugó de niño, junto a un hermano o una hermana, y reencuentra el título años después de buscar una copia. Si creciste compartiendo un teclado así, reconoces la escena. La gratitud de ese grupo no es solo por el juego: es por la editora que fue a por los derechos y volvió a colocar el título en el catálogo.
Una reseña en polaco, de esa misma tanda de estreno, va más allá del elogio de rigor: describe el diseño de fases, los enemigos y los jefes como sorprendentes para su época y atribuye el mérito a la buena voluntad de una comunidad que, con los años, creó sus propios mapas y diseños de personajes; la misma comunidad que desbloqueó la resolución original del juego con un parche casero, escrito en parte por el hijo del propio autor. La objeción que plantea es la más concreta del grupo: el juego sigue sin caber en una pantalla ancha.
Dos reseñas escritas más de un año después, ya sin el entusiasmo del lanzamiento, confirman lo que apuntaba el jugador polaco: atribuyen a ese mismo parche de la comunidad, bautizado JJ2+, el mérito de hacer que el juego funcione y responda mejor que en la versión original, y aconsejan la compañía de la familia o un mando físico para disfrutarlo. En GOG, la tienda que devolvió la colección al catálogo, quien superó esa fase de instalación acabó recomendándolo; quien se quedó a medio camino tropezó justo con lo que la comunidad tanto celebra.
La misma corrección, una pantalla llena de bordes negros
El expediente reúne una sola reseña discrepante, publicada el 30 de diciembre de 2018; en ella, la nostalgia no resistió a los problemas técnicos. Enciendes el juego esperando la pantalla completa de siempre y te encuentras franjas negras en los bordes y ningún sonido; la solución llegó al cambiar a la resolución más alta posible —la misma que la comunidad tanto elogia— y devolvió el sonido, pero dejó la imagen pequeña, rodeada de negro en un monitor actual, casi difícil de ver. Jugar en ventana ayudaba, solo que había que redimensionarla otra vez con cada fase cargada.
El modo para dos personas en la misma pantalla, decisivo para quien quiere jugar en pareja en el mismo sofá, también falló en esta reseña: el modo de carrera se colgaba después de la primera vuelta, y el cooperativo funcionaba a medias, sin vidas extra ni opción de continuar, dejando al compañero terminar la fase solo, apretujado en el trozo de pantalla que quedaba. El mismo parche que los veteranos celebran por desbloquear la resolución es, aquí, la puerta de entrada del problema: sin él, no funciona ni el sonido; con él, la imagen del juego ya no cabe en la pantalla del jugador.
Para quien caza el código secreto — y para quien solo quería abrir el juego con alguien al lado
Quien ya arrastra recuerdos del juego original, quiere cazar el código secreto que lleva a Valhalla o montar sus propias fases en el editor encuentra aquí terreno firme: un juego antiguo, pero entero, con una comunidad que todavía escribe código para él. Jugar en solitario, o turnándose el teclado con un hermano como en las reseñas más cálidas, es donde la colección cumple lo que promete.
Si lo que quieres es sentarte con tu pareja o tus hijos para una sesión a pantalla partida, chocas con el relato documentado aquí: una carrera que se cuelga en la primera vuelta, un cooperativo que funciona a medias, una imagen pequeña rodeada de negro que solo se arregla peleándose con la ventana a mano. Para ese lector, la colección todavía cobra un peaje técnico que la nostalgia por sí sola no paga.