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Janosik: el bandolero eslovaco que la ficha sigue etiquetando como acceso anticipado

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Onix Games puso punto final al rescate del Conde Von Zur, pero el sello de acceso anticipado se quedó, y la secuela prometida tampoco llegó.

Un rescate que la tienda sigue llamando inacabado

La ficha de la tienda dice una cosa, y lo que ella misma describe cuenta otra: Janosik aparece marcado como acceso anticipado, pero lo que arrancas es un juego de acción y plataformas retro, con principio, nudo y desenlace, pensado para caber en unas dos horas de exploración, en solitario, sin compañero en pantalla. Onix Games lo lanzó en 2021, con Retrovibe a cargo de la distribución. La trama te pone en las botas de quien tiene que asaltar la prisión del Conde Von Zur para rescatar a los compañeros capturados, atravesando un mapa único, dibujado a mano con trazo retro, que se abre poco a poco: ruedas para esquivar los golpes, atacas para abrirte paso, y las monedas de oro y las mejoras quedan escondidas en los rincones del escenario.

La historia se apoya en una leyenda real de la región eslovaca: Janosik fue un bandolero de las montañas que robaba a los nobles para dárselo a los pobres, un Robin Hood local. Las leyendas cuentan que unas brujas le dieron objetos mágicos —una fuerza fuera de lo común, protección contra las balas, la capacidad de saltar por encima de los árboles— y que llegó a enfrentarse a seres sobrenaturales. De ese material se sirve el juego, y la propia ficha avisa de que el equipo recurre a esa misma fuente de leyendas para preparar una secuela, Janosik 2. Quien prefiera el idioma original de la leyenda también tiene su hueco: el menú principal incluye la versión eslovaca.

Del estreno a años después, el mismo elogio: la banda sonora

Tanto quienes jugaron en el lanzamiento, en 2021, como quienes llegaron años después insisten en lo mismo: la banda sonora sobresale como punto fuerte en casi todos los comentarios favorables del dosier. Junto a ella se repite la misma reacción —desconfías y piensas en desinstalar a los pocos minutos— seguida de la confesión de haber terminado la aventura entera sin darte cuenta del paso del tiempo.

El elogio más recurrente después de la banda sonora es la curva de dificultad: el juego reparte poder poco a poco, sin castigar al que falla, y devuelve la sensación de hacerse más fuerte con cada tramo superado. Un jugador que terminó el rescate en noviembre de 2021 destacó el diseño del mapa: un escenario único, interconectado, que esconde atajos sin obligar a volver siempre al principio para abrir un paso nuevo. Las mejoras, según ese mismo relato, están disponibles casi todo el rato, para quien prefiera gastar las monedas guardadas antes que arriesgarse sin ellas.

Dos comentarios se salen del coro genérico: una persona que se identifica como eslovaca reconoce en el héroe la leyenda de su propia tierra, y el comentario más reciente del dosier, de alguien que apenas había visto el final y ya quería la secuela anunciada, llega a decir que pagaría por el próximo capítulo. Pero ni el relato más entusiasta le pone la nota máxima: un jugador que probó un mando con cable elogia el esquema de rodar y esquivar, tacha la respuesta al daño de demasiado discreta para percibirla en el momento, y dice que un poco más de pulido habría cerrado la cuenta.

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La crítica aislada, pero concreta

Solo un comentario del dosier desentona, publicado en marzo de 2022, con nota baja, pero no descarta el juego: señala dónde se atasca. Falta un mapa para orientarse dentro del escenario interconectado que los demás alaban, y eres tú quien memoriza el camino a base de prueba y error. Los aciertos no siempre corresponden a lo que muestra la pantalla, lo que vuelve el esquive imprevisible. Las mejoras cuestan monedas y suenan desequilibradas entre sí, y la banda sonora que el resto aplaude, aquí, se pierde bajo música superpuesta y efectos de sonido distorsionados.

La misma persona, sin embargo, no descarta el material: reconoce que el escenario, el estilo y la idea general tienen el esqueleto de un buen juego, al que todavía le falta el pulido que marcaría la diferencia, y admite haberse divertido en algunos tramos pese a los tropiezos. Es la única voz del dosier que separa el concepto de la ejecución.

Quien acepta las aristas, quien tropieza con ellas

Janosik le viene bien a quien busca una sesión cerrada, sin gran inversión de tiempo, y no le molestan las aristas típicas de un proyecto pequeño: la falta de mapa, aciertos que a veces se escapan de la lógica, sonido que se solapa. Si eso no te echa para atrás, encuentras una banda sonora aprobada por quienes jugaron en años distintos y un mundo dibujado a mano que recompensa a quien explora cada rincón, con la leyenda eslovaca disponible en su idioma original desde el propio menú. Quien exige pulido técnico —mapa, una respuesta al daño clara, audio limpio— ya sabe, por el único comentario discrepante que consta en el dosier, exactamente dónde va a tropezar primero. El juego se acaba en pocas horas; la etiqueta de acceso anticipado en la ficha, no. Y la secuela que la propia tienda promete, Janosik 2, sigue pendiente.