
Delores insiste en que no es una secuela de Thimbleweed Park, pero una reseña dice lo contrario
Sin plazo: sigue en el catálogo hasta que la tienda lo retire.
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La disponibilidad puede variar según la región.
Nacida como prototipo de un motor de juego y rearmada con sobras de escenarios del juego original, la fotógrafa de Thimbleweed Park todavía arrastra en el catálogo la etiqueta de acceso anticipado.
Una fotógrafa y un pueblo que finge no haber cambiado
Terrible Toybox fue tajante: Delores: A Thimbleweed Park Mini-Adventure no es una secuela de Thimbleweed Park. Una reseña de quien lo jugó poco después del lanzamiento discrepa: sostiene que la historia continúa justo donde terminó el juego original y suelta, sin ninguna advertencia, un buen destrozo de la trama para quien llega sin haber pasado antes por Thimbleweed Park.
Delores Edmund es desarrolladora de juegos de aventura, con una excedencia en su empleo de MMucasFlem Games, y vuelve a Thimbleweed Park para tomarse unas vacaciones. Para ayudarse con las cuentas, acepta un trabajillo de fotoperiodista en el diario local, el Thimbleweed Nickel News. Reconoces las esquinas, pero nada encaja: la cafetería del barrio se ha convertido en un local de cinco estrellas, el osito de peluche de turno es la fiebre repentina de los vecinos, el payaso del pueblo recibe un premio humanitario y ya nadie recuerda el cadáver que apareció bajo el puente un año antes.
El juego nació como prototipo de un nuevo motor de apuntar y hacer clic que Ron Gilbert estaba construyendo, y creció hasta convertirse en este desvío breve. El equipo reaprovechó escenarios y personajes que habían sobrado de Thimbleweed Park para armar nuevos enigmas, resueltos sin necesidad de salir de casa a investigar nada; por eso quien nunca visitó el pueblo original todavía puede jugar sin perder el hilo, aunque la referencia completa quede solo para quien ya estuvo allí. En el catálogo, el título todavía lleva la etiqueta de acceso anticipado, un resto extraño para algo que la propia tienda trata como terminado.

Treinta encargos, de cinco en cinco, sin guardar a medias
Quienes lo jugaron la semana del lanzamiento, en junio de 2020, elogian el mismo mecanismo: en cada sesión, la fotógrafa recibe cinco tareas y las cumple antes de salir del juego. Al volver, recibe un nuevo grupo de cinco, un poco más difícil que el anterior. Una reseña publicada en abril de 2021 llega al final de la lista completa —treinta encargos en total— y describe el desenlace como una verdadera escena de cierre, no una simple parada de demostración.
Lo que une a estas reseñas es el reaprovechamiento: quien ya había jugado Thimbleweed Park reconoce los escenarios y los muñecos de inmediato, y lo toma como parte de la gracia, no como un ahorro de trabajo. Una persona que ya tenía el código fuente del juego original —y que por eso no dudó en hacerse también con los ejecutables de esta miniaventura— resume el tono: el viaje de vuelta al pueblo merece la pena de todos modos. Otra reseña recomienda no apagar el juego en cuanto empiezan a subir los créditos: esconden chistes que cierran la experiencia con humor y no con una pantalla negra a secas.
La generosidad del reaprovechamiento también cobra peaje: distráete en mitad de una tanda de encargos y lo pierdes todo, porque no existe la opción de guardar el progreso a mitad de camino. El mismo ciclo que los fans elogian por volverse más difícil en cada ronda es el que corta en seco cualquier sesión apresurada.
La rareza que molesta y la etiqueta que engaña
Las críticas se reparten en dos problemas distintos, y ninguno tiene que ver con los enigmas en sí. El primero es entrar en el juego: en octubre de 2020, un jugador que ya tenía Thimbleweed Park instalado se quejó de no poder abrir Delores porque solo funciona en Windows 10, sin explicación alguna por parte de la tienda. En enero de 2022, otra reseña señala que la versión para Linux existe —Steam la distribuye—, pero GOG no ofrece esa misma versión.
El segundo problema es más reciente y tiene que ver con lo que el juego ofrece una vez abierto. Una reseña en alemán, publicada en julio de 2025, dice que Delores se vendió como miniaventura pero se comporta como demostración técnica, y que la etiqueta equivocada crea una expectativa que el juego no cumple. Otra, en español y del mismo año, llega a una queja parecida por otro camino: se lamenta de una historia confusa, de una mezcla de tono que no se decide entre el drama y el chiste, y concluye que la corta duración sirve sobre todo para promocionar el juego principal del estudio. En la misma semana que esa segunda reseña, una tercera, en inglés, protesta por el exceso de elementos raros en el pueblo y por unas interacciones entre personajes que suenan forzadas.
Llegas esperando una aventura del tamaño de su nombre y sales catalogando lo que jugaste como una demostración técnica que toma prestado el nombre equivocado. Esa es la línea que separa las dos oleadas de queja: quien protesta por la plataforma solo quería entrar en el juego; quien protesta por el contenido quería una aventura cerrada y sintió que recibió una muestra disfrazada de aventura.
A quién le vale la pena abrir Delores
Esta miniaventura le sienta bien a quien ya estuvo en Thimbleweed Park y quiere una excusa rápida para volver: reconocer los escenarios reaprovechados es la mitad de la gracia, y el desenlace reservado para quien completa los treinta encargos paga esa lealtad con una referencia que solo cobra sentido para quien ya anduvo por allí. Le sienta bien también a quien tiene paciencia para repetir un ciclo corto varias veces seguidas, ya que cada ronda cambia las tareas y sube un poco el grado de dificultad.
No le sienta bien a quien busca una historia cerrada de una sentada: empieza sin intención de terminarla del tirón y perderás lo que ya habías hecho, porque no existe la opción de guardar el progreso a mitad de camino. Y no le sienta bien a quien espera, por el nombre, una aventura del mismo tamaño que el juego original: quien llegó con esa expectativa terminó llamando a lo que jugó demostración técnica con el nombre prestado.