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Beneath a Steel Sky: en Union City, los pobres viven en las alturas y los ricos se esconden bajo tierra

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Un forastero sin explicación para su propio secuestro, un circuito robótico sarcástico como único aliado y más de cien escenarios dibujados por el creador de Watchmen.

Una ciudad del revés

Robert Foster despierta en Union City sin saber por qué lo llevaron allí. En esa ciudad vertical, la lógica de siempre está invertida: los pobres se amontonan en las torres de arriba, expuestos a todo, mientras los ricos y poderosos viven bajo tierra, protegidos incluso del aire sucio. Solo, con un circuito robótico como única compañía, guías a Foster entre una población desconfiada, criminales inestables y una corporación hambrienta de poder, y tienes que averiguar qué le pasó antes de convertirse en un número más del engranaje.

El juego pertenece a Revolution Software, que firma tanto la creación como la distribución. La versión que llegó a este catálogo está fechada el 18 de diciembre de 2008, pero la historia empezó mucho antes: el título original es de 1994. Recorrer la ciudad significa hacer clic en cada rincón de más de cien escenarios, todos dibujados por Dave Gibbons, el dibujante inglés célebre por Watchmen, que además convirtió el argumento del propio juego en un cómic incluido en el paquete. Los habitantes no se quedan quietos esperándote: cada personaje se mueve y sigue su propia rutina, un sistema que el estudio bautizó como Teatro Virtual.

Más cerca de un libro que de un juego

Quien escribió sobre el juego el mismo día del lanzamiento de esta versión, el 18 de diciembre de 2008, resume la experiencia como más parecida a leer una novela que a jugar: el argumento y los diálogos llevan el peso, no los desafíos. La opinión se repite pocos días después, en una reseña del 6 de enero de 2009 que llama al juego su favorito de todos los tiempos y atribuye el resultado a un humor sombrío —un circuito robótico sarcástico que insulta a Foster en cuanto puede, un médico adicto al helio, un vendedor de seguros fanático— mezclado con un escenario futurista asfixiante. Es ese contraste, dicen, lo que te hace reír justo cuando la ciudad debería solo dar miedo.

No todo elogio llega sin reservas. Una reseña del 8 de diciembre de 2013 compara el juego con Broken Sword, otro trabajo del mismo equipo, y lo considera más modesto: señala tramos en los que resolver un obstáculo solo revela el siguiente, sin pista de que había que volver a una habitación ya visitada. Aun así, lo recomienda. La crítica más dura, aquí, no viene de quien lo odió, sino de quien vuelve a jugarlo.

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Objetos demasiado pequeños, muertes demasiado rápidas

Las voces en contra son raras en lo que reúne el dosier, y la más afilada es de octubre de 2011. Llama clásico al juego, pero enumera lo que molesta: objetos esenciales tan pequeños en la pantalla que se pierden en el escenario —un trozo de masilla en el suelo, unos alicates apoyados en la pared—, y entonces examinas cada centímetro de la imagen en busca de un detalle que debería estar a la vista. Las acciones también exigen fe ciega: funcionan solo si obedeces sin entender el motivo, y pasajes enteros se abren únicamente tras una conversación en otro rincón del mapa, sin ninguna señal de que era eso lo que faltaba. Hay además varias formas de morir, algunas evitables solo moviendo el cursor por la pantalla a tiempo, lo que empuja a guardar la partida a cada momento.

Para quien lee despacio, no para quien quiere resolver rápido

El mismo ritmo que gana el elogio de quien trata el juego como una novela es el que irrita a quien solo quería avanzar: una ciudad que premia mirar cada rincón castiga a quien no examina cada rincón. Lo notas ya en los primeros minutos: o aceptas quedarte quieto leyendo cada detalle de la escena, o abandonas ante la primera puerta cerrada sin explicación. Encaja con quien disfruta rebuscar escena por escena, leer cada diálogo y aceptar que la respuesta de un rompecabezas puede estar al otro lado del mapa. No encaja con quien quiere lógica directa y sin retroceso: quien intenta apresurar la ciudad de Foster muere sin aviso y maldice los alicates que no veía en la pared.