Transformice: el ratón apuesta su destino a un extraño convertido en dios
Sin plazo: sigue en el catálogo hasta que la tienda lo retire.
Reclamar en Steam ↗El canje es en tu cuenta de la tienda; Clairo no lo reclama por ti.
La disponibilidad puede variar según la región.
Steam fecha el nacimiento en 2015; el propio muro del estudio ya celebró quince años de queso.
Dos minutos para llegar al queso, y un dios que puede preferir el caos
En cada carrera, uno de los ratones deja de ser ratón. Se convierte en chamán: recibe el poder de levantar un puente de madera, lanzar una bola de cañón o empujar a todos al agujero equivocado. A la sala le quedan menos de dos minutos para confiar en esa decisión, o para pagarla.
El mapa nunca se repite: la casa oficial suma 200 fases repartidas en siete modos de juego, desde la carrera simple al laberinto de trampas.
Fuera de la casa oficial, más de 5 millones de fases han salido de la propia comunidad: gente que abrió el editor de mapas o escribió sus propios módulos en código para inventar una manera nueva de perder. La tienda interna solo cambia el color del ratón, nunca la física que decide la carrera.
Quince años después, alguien sigue dibujando fases ahí dentro
La ficha de la tienda sitúa el nacimiento el 30 de enero de 2015. El propio muro del estudio, publicado en mayo de 2025, celebró quince años de queso: cuentas que no cuadran, porque Steam no fue donde este juego nació de verdad.
En julio de 2025 llegó un evento nuevo: pescar reliquias en un lago, con doce fases inéditas de escenario espacial sumadas al catálogo. En la casa sigue habiendo gente que dibuja fases ahí dentro.
Conviene guardar esa fecha, porque más adelante alguien llamará abandonada a la casa, y el muro dice otra cosa.
El propio fan avisa: esto es una maldición buena
Hay quien defiende el juego mientras advierte que no se empiece. Una persona con 64 horas registradas escribe, en septiembre de 2026, que el juego es una maldición, que se come la rutina y que lo sensato sería desinstalarlo. En el mismo texto lo llama bonito y recuerda haber jugado su primera cuenta en 2018.
Otros cuentan la historia al revés: entraron siendo niños y todavía regresan a los mismos pasillos. Una de esas cuentas, con 347 horas acumuladas, solo pide que la casa salga de la rutina e intente algo distinto de vez en cuando, porque el juego de siempre se cansa de repetirse. Otra, de 60 horas, resume la visita en una palabra: infancia.
Para otro público, el caos es el producto. Un jugador con 724 horas registradas toma el chat global como parte de la gracia, no como un defecto. Otro, de 13 horas, resume la paradoja del puesto de chamán: sigue odiando asumir el papel, años después de la primera vez, y sigue jugando igual.
La queja no es del juego, sino de quien se sienta al lado
La crítica más repetida no apunta a lo que hace el juego, sino a quien juega a tu lado. Una cuenta con 392 horas resume la frustración: mucha gente haciendo trampas en las carreras y expulsiones que parecen durar poco, lo justo para volver y seguir igual.
Imagina abrir la sala al salir del trabajo y oír, como primer saludo, un insulto picado en el nombre del ratón de otro jugador. Una cuenta de 9 horas, en octubre de 2026, relata exactamente eso: ofensas religiosas y políticas metidas en los nombres de los ratones de alrededor. Otra, de 59 horas, usa una sola palabra para la sala: pesada.
Ninguna de esas marcas señala un abandono real: señalan un mantenimiento que no llega a todo. La misma casa que publicó fases nuevas en julio de 2025 no es la que decide, por sí sola, el tono de quien conversa ahí dentro. El problema no es el queso, sino la sala que lo rodea.
Quien aguanta la sala y quien se va en la primera carrera
Quien acepta entrar en una sala sin saber quién se convertirá en el dios de esa ronda encuentra lo que fue a buscar: caos colectivo, un editor de mapas sin fondo y gente que lleva ahí más de una década. Quien necesita control sobre su propio personaje, o un chat sin insultos, no aguanta más allá de la primera carrera: ahí, el destino de cada intento está de verdad en la mano de un extraño, y nadie elige a cuál.