Space Menace: el muro del estudio ya habla de otro juego
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Un comandante solitario en un vacío hostil, y quienes lo probaron se quejan de no encontrar ni un mapa.
El muro que cambió de tema
La entrada más reciente en el muro de noticias de Space Menace no habla de Space Menace. Habla de AstroDig, un juego de minería espacial del mismo estudio, e invita a quien lo lee a apuntar el nombre en su lista de deseos; se publicó en abril de 2026 desde la misma cuenta que firma las noticias de aquí.
El muro llevaba ya un tiempo alejándose de Space Menace. Primero llegó el anuncio de una secuela, luego su demostración y, por último, la versión terminada: bautizada como Space Menace 2 y lanzada a mediados de 2025. Al juego original solo le quedaron notas de corrección, sin ningún anuncio de contenido nuevo desde entonces.
Un capitán, una nave y la galaxia por decidir
Space Menace deja al jugador solo en la silla del capitán, con una única nave y la promesa de que cada elección decide el destino de la galaxia. De ahí en adelante, el dinero llega por dos vías: aceptar una misión suelta o abordar naves ajenas y cargar con lo que valga la pena. Así crece la flota, nave a nave, equipada poco a poco con armas y embarcaciones de ataque.
Con cada decisión, alguna facción gana o pierde aprecio por el capitán, y esa cuenta pesa después, a la hora de pedir refugio en una estación amiga o de enfrentar el vacío en soledad. Las batallas se libran vistas desde arriba, en dos dimensiones: el trazo clásico de la estrategia espacial, sin compañero. No hay modo para dos personas, solo la silla del capitán y una decisión que nadie comparte.
Cero horas, dos críticas, un mismo día
La crítica más escueta del lote, en ruso, lleva fecha del 16 de septiembre de 2026 y el contador de horas jugadas a cero: sin recomendación, sin mayor argumento; el tipo de nota que cierra la puerta sin dar un portazo.
La otra, escrita el mismo día y también con cero horas jugadas, es más generosa al explicarse: faltan funciones básicas, como un mapa y una forma de atacar con el botón derecho, y por eso no llega a recomendar el juego. Aun así, quien la escribió reconoce que el concepto es bueno; es solo la ejecución, en la experiencia de quien jugó, la que no despega.
A quién le compensa sentarse en la silla del capitán
Quien acepte entrar sin mapa, sin tener claro cómo atacar y con la caja pendiente solo de una misión suelta o de un abordaje ajeno, tiene aquí un comandante solitario para probar: no hay modo de compartir la silla del capitán con nadie. Quien espere un tutorial claro de entrada chocará de frente con el silencio del juego nada más empezar; las dos críticas más recientes confirman que la recompensa tarda en aparecer y que la paciencia va por delante. Y quien quiera la versión más resuelta de la misma idea ya sabe, por el propio muro del estudio, adónde fue a parar: se convirtió en un juego aparte, con nombre propio.