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Racing Classics: la arrancada clásica en la que el volante no es tuyo

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Dieciséis clásicos de los años 70 y 80 se alinean en la pista de aceleración, pero progresar en la carrera depende de un depósito que se recarga solo o que se llena de golpe, con una moneda que se compra dentro del propio juego.

Acelerar, cambiar de marcha, soltar el nitro: nada más

A un juego que vende la fantasía de la arrancada —dos coches pegados, a fondo hacia la línea de meta— le falta una pieza que parecería obvia: el volante. Un jugador con cero horas en el contador resumió así la experiencia, en 2024: tú mandas en la velocidad y en el cambio de marcha, pero la dirección no es tuya; la pista decide por dónde va el coche.

Se trata de una simulación de aceleración ambientada al estilo de los años 70 y 80: dieciséis coches clásicos, cada uno ajustable pieza por pieza —caja de cambios, motor, sistema de nitro—, listos para medirse con un rival en pruebas de línea recta. El modo historia reúne más de 45 fases, con ligas y tabla de clasificación para quien quiera repetir el trazado a la caza de un mejor tiempo. Detrás del estudio está T-Bull, que publicó el juego en 2019.

Recomendar no es lo mismo que estar satisfecho

Quienes llegaron ya en 2019 elogiaron un apartado visual que va fluido incluso en configuración baja, con la imagen en el formato casi cuadrado de las pantallas de antes, y describieron unos controles fáciles de coger tras unos pocos minutos de práctica. Un jugador con 19 horas a sus espaldas repitió en 2024 el elogio a los gráficos y a la variedad de coches, y comparó las piezas de mejora con las de cualquier carrera de coches trucados, pero dejó un aviso: a quien le gusta la acción más exigente se le hace cuesta arriba enseguida, porque el guion de cada prueba se repite —acelerar, cambiar de marcha, soltar el nitro.

La vara de medir cambia cuando entra en detalle quien ha jugado más. Con 47 horas encima, un jugador hizo las cuentas por partes, en 2025: una banda sonora que apenas cumple, un apartado visual sencillo pero funcional y un sistema de ajuste mecánico del coche que decepcionó, demasiado pobre para dar profundidad al armado del coche ideal. Otro, con 10 horas, terminó la campaña principal satisfecho y al instante siguiente se quedó sin nada que hacer. Si pasas de la historia principal queriendo más, eso es lo que te espera: el juego se vacía a la vez que salen los créditos. Hay quien lo recomienda a regañadientes. Una reseña en polaco, favorable en el veredicto oficial, describe esa misma base como un juego de móvil mal disimulado, en el que las piezas para evolucionar el coche se encarecen rápido y se pagan con espera.

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Tú mandas en la velocidad, no en la dirección

La queja apuntada en la apertura recibe aquí el nombre de quien la hizo: un jugador con cero horas en el contador, en 2024, reduce el juego a una máquina de acelerar y cambiar de marcha, sin conducir. Si lo que querías era girar el volante, esta arrancada no es la tuya: el coche solo va más rápido o más despacio, nunca hacia un lado o hacia el otro.

La crítica que más pesa viene de quien aguantó siete horas, en 2020: para cerrar por completo el modo campaña hay que comprar, con la moneda propia del juego, los coches que exigen ciertas categorías de prueba, y esa persona describe peticiones constantes de gastar dinero real, incluso en anuncios. La conclusión fue no recomendarlo: un juego pequeño que trata a quien juega primero como fuente de ingresos y después como jugador. Otro, que se quedó en una sola hora, ese mismo año, formula el problema de otra manera: lo que quizá funcione en un móvil, en el ordenador se hace pesado enseguida y no convence. Aun así, la queja más dura también necesitó siete horas para madurar; no llegó en los primeros minutos.

Cabe en un fin de semana, no en todo el garaje

Racing Classics sirve bien a quien quiere sentarse, acelerar y cambiar de marcha sin tener que aprender una curva técnica: los clásicos de los años 70 y 80 son el escaparate, la arrancada en línea recta es el verbo, y eso es todo lo que el juego promete entregar. Si tu sábado libre pide una sola cosa tonta y ruidosa en la pantalla, está en él. Sirve también a quien no le molesta que el ascenso de categoría dependa de una moneda interna que se junta jugando o se compra; a quien le irrita ese tipo de barrera ya se lo advierten las propias reseñas: va a chocar con ella.

Quien busque un simulador de verdad, con la dirección en sus manos, se baja en el primer kilómetro: aquí el volante no es tuyo para girarlo, solo lo es la velocidad. Y quien pretenda vivir en el juego durante meses debería recordar el relato de quien terminó la campaña principal y encontró el vacío al otro lado: la diversión dura lo que la historia, no más.