Mushroom Cats: un hongo que deja abajo al edificio más alto del mundo
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La disponibilidad puede variar según la región.
Entre quienes celebran su dulzura y quienes lo llaman tiempo perdido, la pregunta de fondo es si un paseo tan breve todavía cuenta como juego.
Más alto que cualquier edificio del mundo
La historia que el propio juego cuenta le pide al jugador que imagine el edificio más alto del mundo, y avisa en seguida de que el Hongo Mágico donde viven los gatos-hongo es todavía más alto, levantado sobre un océano que le golpea alrededor. Arriba, los gatos tienen casitas construidas en el sombrero mismo del hongo, tocan algún instrumento, toman el sol y manejan un molino que muele nubes para hacer pastel. El problema llega con el invierno: el Hada Buena había hecho un gorro de abrigo para cada gato, pero lo dejó caer todo al volar demasiado cerca del sol. Encontrar cada gorro perdido y vestir a cada gato: en eso consiste la tarea entera.
El juego completo se resuelve con dos clics: primero el gorro, después el gato que va a llevarlo. Dos reseñas de bandos opuestos describen la misma escena sin advertir que coinciden: la imagen no entra de golpe en la pantalla y hay que arrastrar el cursor al borde para descubrir el resto del escenario. No hay rompecabezas que armar ni enigma que desentrañar; el obstáculo es visual, encontrar lo que ya está ahí, solo escondido.
Mientras los gatos esperaban, llegaron los gansos y Cthulhu
El muro de noticias del estudio pertenece a una sola persona, Anatoliy Loginovskikh, y cuenta la rutina de quien lleva varios proyectos a la vez. En julio de 2019 avisó de que había dejado en pausa los demás trabajos para concentrarse en un juego sobre gansos mágicos, Cthulhu y el universo, y pidió paciencia. La paciencia dio frutos: un mes después anunció que el último jefe estaba listo, y en junio de 2020 publicó el lanzamiento de Geese vs Cthulhu como quien celebra una fiesta de guardar.
A mitad de camino, en abril de 2020, todavía encontró tiempo para soltar la demo de Mushroom Cats 2, con la promesa de cinco escenarios nuevos de historia y enigma: la continuación que el primer juego no da por sí solo.
Sin cronómetro pisándole los talones a nadie
Quien lo recomienda repite siempre la misma palabra: tierno. Una reseña brasileña lo comparó con otro clásico de buscar objetos escondidos y salió encontrando esta versión más amable, y señaló además un gato vestido como Sayori, personaje de otro juego, subido al molinillo de viento del escenario. Cero horas en el perfil marcan lo rápido del paseo, y no le quitan nada al elogio.
El texto más largo del lado positivo llegó en ruso, de alguien con siete horas cerradas en el juego, y describe una paleta pastel que invita a demorarse en cada rincón del escenario. Lo que subraya no es la dificultad, casi nula, sino la falta de presión: sin cronómetro en marcha, se puede probar cada combinación sin miedo a estropear nada. Es la misma sensación que atraviesa el comentario de quien ya tiene varias obras más del mismo creador y reconoce en ellas un estilo que se repite: cero horas clavadas en el perfil y, con todo, una recomendación, por pura confianza en lo que ese creador suele entregar.
Demasiado corto para contar como juego
Del otro lado, la queja apunta a esa misma brevedad, pero sin encanto. Una reseña de 2019 llama al juego estúpido y dice que no vale la pena descargarlo. Otra, de 2023, resume la experiencia en una palabra: inútil, sin historia, sin instrucciones, sin desafío después del primer clic.
La misma queja cruza los años sin cambiar de verbo: aburrimiento, o la comparación con un salvapantallas bonito pero vacío. Un comentario sugiere que el público adecuado son los niños de dos a cuatro años; otro, en español, resume el desafío como algo que cualquiera resolvería sin el menor esfuerzo. Una y otra vez, el perfil que acompaña al veredicto marca cero horas jugadas: el reloj de Steam no gira lo bastante rápido para registrar la visita.
La silla todavía está caliente cuando se acaba
La división real no está entre a quién le gustó y a quién no, sino en lo que cada uno espera de un juego. Para quien busca una pausa sin exigencias, un hueco bonito entre tareas más grandes, o la primera experiencia con el ratón de alguien muy pequeño, los gorros perdidos cumplen lo prometido en unos pocos clics y cierran sin dejar ningún cabo suelto. Para quien se sienta a buscar enigma, historia o cualquier resistencia del juego contra el jugador, la visita se termina cuando la silla todavía está caliente, y la decepción documentada por años de reseñas demuestra que eso no cambia. Mushroom Cats no le pide el tiempo a nadie: pide solo los pocos clics que el reloj de Steam no registra, y quien entra advertido sale satisfecho; quien entra esperando más sale con el mismo veredicto de siempre.