Happy's Humble Burger Farm: el turno que castiga al que se equivoca con el pedido
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Detrás del mostrador, un simulador de restaurante deja que la jornada en solitario se deslice hacia un misterio bautizado como Obscura Biotech.
El turno que castiga al que se equivoca con el pedido
Basta con tres pedidos mal servidos para que Happy, la vaca estampada en el letrero del restaurante, deje de ser amable. Esa es la única regla que recibes cuando te haces cargo, en solitario y en el turno de noche, de la plancha, la freidora y la barra de bebidas del Happy's Humble Burger Farm, un restaurante aislado en las afueras de la ciudad. La carta es corta y a los clientes no se les hace pesada: los bocadillos Happy's Deluxe, Fantastic Fowl y Poppin' Pork, además de las patatas fritas y los nuggets de salmón, y ya se rumorea internamente que vienen en camino los Happy-Dogs y los postres.
La rutina de freír hamburguesas es solo la primera capa. El turno se convierte en gestión de crisis cuando brotan incendios en la cocina, la basura se acumula y hay que atrapar ratas para que no acaben en una queja; el dinero que sale de los trabajillos sirve para mejorar el restaurante y allanarte la propia faena. Fuera del horario, puedes pasear por las calles de la ciudad, revender lo que encuentres por ahí y gastar los créditos en decorar tu casa.
Bajo la rutina de cocina late una trama que el propio juego trata como secreto: el Modo Historia promete revelar qué une el restaurante a una tal Obscura Biotech mediante registros de audio y páginas de investigación repartidas por el escenario. Quien prefiera limitarse a cocinar tiene el Modo Sin Fin, sin esa capa de misterio. Para acompañar la jornada, el juego reserva unas dos horas de radio hablada y más de sesenta programas de televisión, junto a un tocadiscos con álbumes nuevos y el regreso de temas antiguos de la banda sonora.
La vaca tuvo secuela: el próximo turno se juega en grupo
Años después del lanzamiento, Scythe Dev Team seguía cuidando del juego original. El 11 de junio, una actualización devolvió la compatibilidad con Steam Deck, que se había ido perdiendo poco a poco después de que el soporte quedara verificado al salir el aparato. Días más tarde, el 18 de junio, otra actualización repasó el guardado y la estabilidad a partir de los informes que enviaron los propios jugadores.
Ese mismo mes, el estudio reveló que el universo del restaurante tendría continuación: Happy's Humble Burger Cult, un juego cooperativo de terror culinario para grupos de cuatro, ambientado en un experimento de Paragon Corporation en el que no cumplir la cuota de hamburguesas tiene consecuencias. El título salió el 16 de julio y el propio estudio lo describe como una cocina colectiva al estilo de Overcooked, solo que en un infierno distópico.
Una vaca folclórica y un secreto que tira de la curiosidad
Quien acumula 1.711 horas de juego resume, en un testimonio del 9 de septiembre, qué es lo que engancha: la mezcla de humor negro, exploración y misterio distingue a este restaurante de cualquier otro simulador del género. Otro jugador, que ya sumaba 614 horas el 10 de septiembre, trata el empleo como un chiste recurrente, un curro de freír hamburguesas que esconde una conspiración, y aun así vuelve una y otra vez. Del lado de quien llegó con recelo, un testimonio del 29 de agosto, con 10 horas clavadas, admite que esperaba sustos baratos y chistes fáciles, pero cambió de idea cuando la trama tiró hacia esa Obscura Biotech.
El humor asoma también en los testimonios más breves. Reconocerás el tipo de sobresalto que describe, entre risas, una jugadora con 19 horas en un texto del 15 de septiembre: acabar perseguida por la vaca malvada del local y morir a manos de una rata de cocina justo después. Quien terminó el juego con 11 horas registradas, el 25 de septiembre, resume el ritmo: se completa en un solo fin de semana.
La objeción más dura, sin embargo, no viene de quien detestó el juego, sino de quien lo recomienda. Esa misma jugadora de 9 horas que elogió lo adictivo que resulta advierte, en un testimonio del 21 de septiembre, que las texturas de las ventanas y las superficies transparentes desaparecen a veces de la pantalla. Y un texto en español, también con 9 horas y fechado el 5 de septiembre, recomienda el juego pero describe su mezcla de géneros, simulador, terror, combate contra jefe, compra de coleccionables, trama de gobierno, como algo que lo deja sin una personalidad bien definida.
Cuando la cámara se convierte en el verdadero rival
Las quejas técnicas se repiten entre quienes aplauden la idea y se pelean con la ejecución. Si giras la cabeza rápido para localizar algo en la cocina, ahí está la queja de un texto en alemán publicado el 20 de septiembre, sin llegar a la primera hora de juego: el concepto de llevar la hamburguesería resulta divertido, pero atar el movimiento de la cámara al puntero vuelve incómoda e imprecisa cualquier tarea rápida. Un jugador turco, con 2 horas registradas el 14 de septiembre, se queja de que el juego nunca arranca en modo ventana y regresa a pantalla completa en cada cambio de escena, incluso después de probar varios apaños desde el sistema. Un texto en ruso, con 1 hora jugada el 5 de septiembre, describe objetos que se teletransportan al meterlos en la freidora y rechaza además la localización y los gráficos del juego.
Los fallos de estabilidad también pesan. Un jugador con 6 horas cuenta, en un testimonio del 26 de septiembre, que quería que el juego le gustara, pero los cuelgues que le obligaron a reiniciar, uno de ellos en pleno combate contra un jefe, acabaron con su paciencia. Otro texto, de 2 horas y publicado el 28 de septiembre, tacha el juego de anticuado y lento, y lo recomienda solo a quien acepte algo sin pretensiones en un día cualquiera, no como elección de peso.
Para quien acepte jugar contra su propia cámara
El juego pide paciencia por duplicado: la de aceptar una trama que revela lo que quiere mediante registros de audio y páginas repartidas por el escenario, sin apresurarse a explicar nada, y la de convivir con una interfaz que parte de los jugadores considera el mayor obstáculo del turno: la cámara atada al puntero, la ausencia de modo ventana, los objetos que se esfuman entre la freidora y el inventario. Si juegas en solitario de noche, sin nadie que te confirme lo que acabas de ver en la cocina, tenderás a ponerte del lado de quienes defienden el juego con reservas. Quien busque un simulador de restaurante sin sobresaltos, o un control preciso desde el primer minuto, se topa con el mismo obstáculo que describieron los textos en alemán y turco.
La vaca del letrero no perdona al que se equivoca con el pedido; la cámara del juego no perdona al que se equivoca con el clic. Entre esas dos exigencias está lo que decide el turno: la misma mezcla de géneros que una minoría ve deslavazada es, para la mayoría que se pronunció, el motivo para seguir jugando.