Deponia: un héroe al que quieres ver perder
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Un mundo convertido en vertedero, una caída del cielo y unos enigmas tan retorcidos que hasta quienes elogian el juego admiten haber tirado de guía.
Un vertedero, una caída del cielo y un plan torcido
Hay juegos en los que uno hincha por el héroe. Aquí, quien juega va en su contra: quiere ver a Rufus recibir un puñetazo, acabar dentro de un cactus, caer desde bien alto — y es por quererlo así como mucha gente llega hasta el final.
El mundo de Deponia se ha convertido en un enorme vertedero, y Rufus vive atrapado en la clase más baja de esa montaña de desechos. La suerte parece cambiar cuando Goal, una chica de la ciudad que flota sobre las nubes, cae del cielo justo encima de su montón de basura, y él decide ayudarla a volver a casa. Por el camino descubre que el marido de ella ya ha muerto, urde un plan para subir él mismo al mundo suspendido y termina enamorándose, lo que pone a prueba cada escrúpulo que le queda.
El trazo está dibujado a mano, con un aspecto de cómic en alta definición, y el propio material de la tienda compara el tono de su universo con nombres como Douglas Adams y Terry Pratchett: comedia británica de mundos absurdos y personajes al margen. Es buena compañía para quien disfruta del humor ácido y no tiene prisa: el material promete muchas horas de diálogo y enigmas nada evidentes hasta lo más alto de las nubes.
Una trilogía cerrada y un soporte que no se detuvo en el lanzamiento
La revista alemana GameStar apodó a Daedalic Entertainment —estudio y también distribuidora del juego— «la Lucasarts alemana». Años después del lanzamiento, en 2019, el equipo aún volvía para retocar el juego: actualizó el motor, sincronizó el progreso guardado entre plataformas y añadió subtítulos en árabe, coreano y las dos variantes del chino.
La historia de Rufus no se detuvo en este primer juego: se convirtió en trilogía, cerrada con Deponia Doomsday. Cuando llegó ese capítulo final, la crítica británica resumió el tono con ironía: la serie se negaba a desaparecer y el héroe seguía siendo tan insoportable como los fans ya esperaban, como si irritar fuera allí sinónimo de gracia.
Un desastre con encanto y una cafetera que funciona a base de improvisación
En francés, una reseña de 14 horas de juego compara a Rufus con un clásico de los desastrados: un tipo egoísta, torpe y lleno de seguridad en sí mismo, con un talento natural para convertir cualquier situación en catástrofe, y es esa la razón que el texto da para que caiga bien. En ruso, otra reseña resume al protagonista como un idiota en un mundo de idiotas, y encima se empeña en elogiar la banda sonora por separado.
La lógica de los enigmas es donde el elogio tropieza incluso en quien disfrutó del juego. Una reseña en ruso describe la receta para conseguir agua limpia en una cafetera: mezclar ácido de batería, sangre de un toro mecánico y whisky dentro de una copa de vino, y funciona, dentro de la lógica torcida del juego. Una valoración brasileña, escrita tras 7 horas de juego, admite haber recurrido a una guía varias veces, califica la historia de floja pero defiende el humor, y solo recomienda el juego a quien elija un día sin nada más que hacer.
Una reseña en inglés confirma ese límite: describe el juego como cautivador pero de nicho, de ritmo lento, casi sin pistas, difícil de verdad; lo terminó una vez y no siente ganas de empezar de nuevo. Quien disfruta de las viejas aventuras de apuntar y resolver enigmas reconocerá el género; quien no, puede saltárselo sin remordimientos.
El fallo que bloquea el juego y el héroe que irrita tanto como divierte
Una reseña brasileña quedó registrada con 0 horas de juego: encontró los diálogos pesados y vio esfumarse demasiado pronto las ganas de continuar. En inglés, una valoración de 3 horas cuenta que un fallo aparece alrededor de una hora después del inicio y corta cualquier avance: el juego se bloquea y no hay manera de terminarlo.
Otra reseña en inglés, también de 3 horas, describe el mismo bloqueo, y añade un detalle: según quien la escribió, el estudio ya ha avisado de que no va a invertir más en correcciones, aun con el juego todavía a la venta. En alemán, una valoración de 7 horas cuenta que el fallo del imán solo se resolvió descargando un archivo de partida guardada enviado por el soporte, y que un rompecabezas de piezas giratorias, más adelante, giraba sin parar y nunca encajaba. Reseñas en chino y coreano repiten la misma queja: sin una guía abierta al lado, no hay forma de adivinar el siguiente paso.
La queja más dura, sin embargo, no es sobre un fallo técnico: es sobre Rufus. Dos reseñas en chino, de 3 y 7 horas, describen al protagonista como alguien que vive a costa de los demás: duerme en casa ajena, come y usa lo que no es suyo, roba lo que puede y encima maltrata a un gato de compañía, justo lo contrario del desastre con encanto que elogiaba la reseña francesa. La diferencia entre querer y detestar Deponia, al final, es la misma: cuánto tolera cada lector hinchar por un héroe sinvergüenza.
Para quién sirve ir en contra del propio héroe
Deponia sirve para quien disfruta masticando enigmas fuera de cualquier lógica evidente, tiene paciencia para abrir una guía sin sentirse derrotado por ello y no le importa ir en contra del héroe en vez de a su favor. Sirve menos para quien busca una historia ligera o pistas generosas, y sirve aún menos para quien no tolera ver su progreso bloqueado por un fallo que el propio estudio, según una reseña reciente, ha decidido no corregir más.
Quien entra en Deponia no va a encontrar un héroe al que admirar: va a encontrar uno del que reírse en su desgracia, y es eso, más que cualquier enigma, lo que decide si el juego engancha o cansa.