Cube Racer: el juego de carreras que sus propios fans se empeñan en describir como otra cosa
Sin plazo: sigue en el catálogo hasta que la tienda lo retire.
Reclamar en Steam ↗El canje es en tu cuenta de la tienda; Clairo no lo reclama por ti.
La disponibilidad puede variar según la región.
Cada ronda te deja montar la trampa que el siguiente tendrá que atravesar y, según quienes lo han jugado, el programa no siempre llega ni a arrancar.
Cada ronda es el taller de la próxima trampa
Ganar una carrera en Cube Racer dura una sola ronda. En el intervalo, todos los que están en la mesa —incluido quien acaba de perder— pueden levantar un obstáculo nuevo en cualquier punto del circuito, y en la ronda siguiente ese obstáculo deja de ser una elección: quien lo construyó también tiene que atravesarlo. El circuito no se reinicia: se acumula. Lo que empezó como una recta vacía termina, ronda tras ronda, en una sucesión de trampas que nadie diseñó solo; tú incluido, si te sientas a la mesa.
Fuera de las carreras en grupo hay un modo para quien juega sin compañía: una campaña con mapas y obstáculos ya fijados, pensada para batir tu propio tiempo en lugar de medirte con nadie. Todo lo que se juega —contra otros o contra el reloj— da créditos, y son esos créditos los que desbloquean nuevos tipos de obstáculo y permiten hacerlos más grandes o más agresivos. Nada llega hecho: el primer obstáculo decente no aparece sino tras unas cuantas carreras simples. Quien prefiera dibujar su propio circuito tiene a su disposición un editor de mapas, y quien quiera juntar a los amigos fuera de Steam puede levantar un servidor propio, dedicado solo a ese grupo.
La ficha de la tienda enumera 300 obstáculos distintos para desbloquear, repartidos por 25 mapas estándar, más los que publica la propia comunidad con el editor. El juego funciona en Windows y en Linux, con soporte parcial para mando.
Un mismo nombre firma el estudio y la distribuidora
Simon Blasen aparece dos veces en la ficha de Cube Racer: como estudio y como distribuidora. Es la misma persona a los dos lados, y eso explica tanto las pausas largas como los regresos. En 2018 este desarrollador tomó una decisión que no era una promoción ni una liquidación: le quitó el precio al juego de forma definitiva. La explicación que él mismo dejó en el muro es directa: el proyecto nacía del tiempo libre, sin presión de beneficio, y la prioridad era tener gente suficiente en la mesa para lo que de verdad importaba, competir y sabotear a los demás en tiempo real. Un juego multijugador sin jugadores no es un juego. Tú formas parte de esa cuenta.
El estreno de ese nuevo modelo, en julio de 2018, trajo consigo una tanda de contenido: obstáculos extra, una campaña para jugar en solitario y un modo de eliminación directa. Una actualización algo anterior había resuelto otra cosa: los añadidos visuales del cubo —disfraces y bocinas— solo se consiguen jugando, sorteados en paquetes que no cuestan más que tiempo en el circuito; la compra dentro del juego nunca llegó a existir.
Después el juego se quedó callado una temporada. El 5 de abril de 2020 llegó una actualización titulada simplemente como un regreso: fondo nuevo, tipografía nueva, menú nuevo, el tipo de retoque que hace un proyecto cuando vuelve a respirar tras meses a puerta cerrada. El 9 de noviembre de ese mismo año, Blasen anunció Cube Racer 2: más mapas y más contenido que el primero, obstáculos que evolucionan —mortales, móviles, de impulso— y una forma nueva de sumar puntos, en la que ser el cubo más rápido deja de ser lo único que cuenta.
Reseñas que huyen del propio juego
Quienes recomiendan Cube Racer en Steam no escriben, en su mayoría, sobre Cube Racer. Una reseña de tres horas, publicada el 5 de abril de 2021, felicita al estudio por haber metido ahí, en palabras de quien la firma, un juego de lucha entero con personajes de anime. Otra, de 23 horas, jura que cualquier tripulante de un barco pirata famoso entiende por qué este juego existe en el fondo del mar. Una tercera, de 14 horas, se presenta como análisis de un juego de zombis mucho más famoso. Es una broma que se repite reseña tras reseña: fingir que el cubo es otra cosa, cualquier cosa menos él mismo, y uno acaba riéndose con ellos.
La broma cambia de tono en cuanto alguien se pone serio. Un jugador resume en pocas líneas lo mejor del juego —juntar a la pandilla para carreras de locos— después de una sola hora, en marzo de 2022. Dos reseñas en ruso cuentan otra historia. Una, de 26 horas, está de acuerdo en que el juguecito de carreras con cubos es divertido, pero confiesa que prefiere otros juegos. La otra suma 29 horas y lo recomienda igualmente, aunque cuente que su copia se cuelga y no llega a abrirse. Recomendar un juego que no siempre abre es la contradicción más honesta que da este grupo de reseñas.
Para quien tenga gente a la que llamar, y solo para quien la tenga
La trampa que alguien planta en una ronda solo da risa si hay alguien al otro lado de la pantalla a quien echarle la culpa. Ahí es donde Cube Racer funciona: mesa llena, amigos discutiendo quién levantó el obstáculo más sucio, servidor propio en pie para toda la pandilla. Con compañía, el circuito no deja de crecer. En solitario quedan la campaña y el editor de mapas, maneras honradas de pasar el rato que no tocan el motivo que el propio estudio dio para que el juego exista: gente jugando con gente.
Quien vaya a instalarlo debería acordarse de lo que anotó una de las reseñas con más horas encima: 29 horas de uso y, aun así, la queja de que el juego se cuelga y ya no abre. Asume ese riesgo con compañía y el circuito crece contigo. Quédate solo, o sin paciencia para un fallo técnico que el expediente no explica, y ya se sabe por qué conviene pasar de largo.