Un detective inmortal llega a una fiesta de máscaras, y ya hay un muerto
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La disponibilidad puede variar según la región.
El arte convence a quien lo juega; la escritura es donde la investigación se divide.
Una fiesta de máscaras con un invitado de menos
Casey Noir es un detective sombrío que no envejece, convocado a una fiesta de Halloween en un hotel gótico que se alza solitario en lo alto de una colina, por un rostro que reconoce nada más llegar. La reunión no dura: antes de que terminen los saludos, uno de los invitados aparece muerto, y el asesino sigue en la sala, oculto tras una de las máscaras de la fiesta.
Es un juego de apuntar y hacer clic: recorres el hotel y sus alrededores, interrogas a los sospechosos y reúnes pistas, tratando de atravesar máscaras que esconden, distraen y mienten. La investigación cabe de una sentada — unas dos horas — lo que empuja el ritmo hacia delante sin darle tiempo a enfriarse.
Firma el estudio Nik Rouz and Friends, que además distribuye su propio juego; el hotel abrió sus puertas el 1 de octubre de 2025. Steam clasifica el título como casual e independiente, un par de etiquetas que encaja con una historia pensada para caber en una tarde.
El arte que convence primero
Quien cerró el caso el 2 de julio de 2026, tras dos horas de juego, resumió el veredicto en un solo punto: el arte convence y la historia cumple como buena apertura para la temporada de octubre. Días después, otro texto — también con dos horas registradas — fue más allá: llamó al trazo coherente y dijo que la historia tarda en arrancar, pero que, cuando engancha, atrapa, sobre todo a la hora de cruzar pistas y reunir pruebas.
Ambas lecturas coinciden en el mismo punto: lo que atrapa es observar la escena y encajar las piezas, no memorizar regla alguna — y ahí es justo donde va a golpear el reproche del otro lado.
El mismo arte, motivo de queja
Del otro lado, quien terminó el juego con dos horas en el reloj, el 16 de enero de 2026, resume lo contrario: el arte es lo único que sostiene el juego — y eso que él mismo estorba, porque el apartado visual está tan estilizado que cuesta saber dónde hacer clic. El reproche central es de método: el juego cuenta en lugar de mostrar, amontona texto y aun así necesita un epílogo entero solo para explicar por qué el asesino hizo lo que hizo.
Una hora de juego bastó, el 5 de noviembre de 2025, para que otra persona concluyera que el problema no es que sea malo — es que es monótono. Los personajes se pierden en una paleta de naranja y morado que cansa la vista, y sin doblaje — comprensible para un presupuesto pequeño — es el texto el que tiene que cargar con todo. Conceptos centrales de la trama llegan dados, sin explicación alguna, y el lector se queda atrás.
El texto en portugués, del 15 de marzo de 2026, tras tres horas jugadas, es el más duro: la presentación de los personajes falla desde el arranque, y el propio autor interrumpe la escena para hablar directamente con quien juega, como si todos conocieran ya ese universo. La investigación arranca bien cuando empieza, pero el desenlace suena resuelto de golpe, sin cuidado por quién es el culpable y por qué.
Para quien le sobra paciencia para leer
Es un juego poco jugado de momento, pero quien pasó por la fiesta salió, casi siempre, recomendándolo; las voces en contra que existen discrepan menos sobre si vale el tiempo y más sobre si la escritura aguanta lo que promete.
Merece la pena para quien acepta un manual de lectura densa a cambio de una escena bien dibujada y de un misterio resuelto de una sentada; quien quiera descifrar pistas sin depender de párrafos de explicación se topará con las mismas paredes de texto con las que ya se topó el texto en portugués, y abandonará en el mismo punto.
Las máscaras de la fiesta esconden al asesino de principio a fin del juego; las de la escritura esconden, durante demasiado tiempo, si la historia que hay detrás se sostiene.